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¿Tiene la Región capacidad para combatir el crimen?

No ayuda, sino que empeora, en este cuadro, que viejos guerrilleros se hayan dado a la tarea de indoctrinar y entrenar jóvenes con armas "de juguete", un retroceso a las cavernas mentales

Cuando El Directo, asesinado la semana pasada, se fugó de la cárcel hace unos años, cundió el pánico en todo el oriente del país porque nadie podía reconocerlo, ya que por las leyes "minoriles" era prohibido para las autoridades tomarle fotos y colocarlas en sitios donde la población pudiera alertarse.

Las leyes minoriles, pese a las advertencias que en forma reiterada se hicieron en su momento, han contribuido a que innumerables jóvenes se conviertan en pandilleros y que, además, los usen como sicarios debido al manto de relativa inmunidad que los protege, realidad que también se transforma en una nefasta influencia sobre otros jóvenes.

En cada país y en toda la Región el problema de las pandillas está desbordando la capacidad de las autoridades, instituciones y de la gente para controlarlo y erradicarlo. En parte eso se debe a que ya es de naturaleza militar, opera en medio Hemisferio pero se pretende encararlo con estrategias locales, judicaturas no siempre honestas, políticas contemporizadoras y desconocimiento de lo que es la naturaleza humana en su más perversa expresión.

Lo extenso de la amenaza se evidenció con la captura de más de trescientos capos y sicarios en varias regiones de los Estados Unidos, un operativo que se llevó a cabo en forma sorpresiva y en el cual mareros de la Salvatrucha fueron los más buscados.

La gran interrogante es que si las bandas actúan con descaro en Los Ángeles, en Houston y en muchas otras ciudades estadounidenses, ¿qué puede hacer un país sin mayores recursos de defensa, sin una clara convicción de lucha y en el que, periódicamente, se descargan vuelos con criminales que ya purgaron condenas pero que siguen tan peligrosos como antes de aprehenderlos?

No ayuda sino que empeora, en este cuadro, que viejos guerrilleros se hayan dado a la tarea de indoctrinar y entrenar jóvenes con armas "de juguete", un retroceso a las cavernas mentales y seguimiento de la tragedia que no parece tener fin.

Es casi imposible rehabilitar

a asesinos, secuestradores y sicópatas

Es raro que sicópatas, secuestradores y asesinos puedan rehabilitarse; como Macbeth, después de matar al rey, se decía: "El agua de todos los océanos no bastaría para lavar la sangre de mis manos"; no hay ni siquiera un seguro perdón de Dios al matar a inocentes.

A lo que más puede aspirar una sociedad es a que se desmantelen las estructuras delincuenciales, se encierre a los cabecillas y se procure, a través de mil fórmulas y ensayos, quitar el filo de las garras y dispersar a los que tienden a formar bandas.

No hay fórmulas mágicas para solucionar los morbos del alma, como resulta en extremo complejo y arduo rehabilitar a drogadictos, alcohólicos, cleptómanos o pederastas; lo que se debe procurar es que la mayoría de personas buenas y razonablemente educadas sean las que articulen el quehacer social, las que ponen ritmo a la vida de todos.

El ungüento mágico que siempre se cita es "la educación", pero hay lavados de cerebro que se confunden con educación y se olvida, asimismo, que el trabajo educa y, con frecuencia, educa mejor que la escuela.

Que haya existido El Directo indica que no fue suficiente la vigilancia del comportamiento de los jóvenes, que no se investigó bien el primer homicidio, que no hay una moral pública con sustancia y que la agresión guerrillera cambió conductas y fomentó la violencia.