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Son contrarios a la innovación, a que existan nuevas opciones

Hay otros negocios que son una innovación, como precisamente es el caso de consultorios médicos en farmacias. Estos funcionan en Estados Unidos y otros países y era cosa de tiempo para que los hubiera en El Salvador

La prohibición de hecho, a través de trámites, presiones, hostigamientos y caprichosas interpretaciones de la ley a que las farmacias ofrezcan a sus clientelas servicios médicos de primera necesidad, establece un grave precedente: que quede como potestad del gobierno determinar si pueden establecerse negocios, empresas de diversa índole o actividades productivas de cualquier clase, sin contar con el aval de ministerios y oficinas públicas.

Esta suerte de presiones se desencadenó cuando, en julio, inició el acoso a los comerciantes de granos, acusándolos de acaparamiento (como si tal cosa pudiera producirse en un mercado abierto como el nuestro) e impidiendo, de hecho, que ellos importaran frijol de acuerdo con la demanda que tuvieran. Y si ahora son las farmacias y el comercio de granos, posteriormente las más diversas actividades podrían ser controladas y reguladas por gente que no tiene experiencia como productora y que jamás pagó una planilla de su propio bolsillo.

Muchos negocios se establecen siguiendo patrones más o menos usuales: alguien inicia un restaurante o una tienda de ropa o un taller de reparación de motores, sumándose a los que ya operan en el país y contra los cuales le va a tocar competir.

Pero hay otros negocios que son una innovación, como precisamente es el caso de consultorios médicos en farmacias. Éstos funcionan en Estados Unidos y otros países y era cosa de tiempo para que los hubiera en El Salvador.

Y es gracias a que hay quienes se arriesgan a invertir en lo diferente, en áreas no explotadas, que los países se van diversificando en su economía, que los consumidores se benefician de nuevos servicios y productos.

Lo que los cerrados funcionarios pretenden es poner barreras a la innovación, impedir que haya otras alternativas a los servicios públicos de Salud. Las farmacias generarían nuevo empleo de calidad y el público ganaría con mejores y oportunos servicios.

Si hay innovación en los mercados

la habrá en lo cultural y artístico

Las empresas, como la economía en general, tienen que reinventarse todo el tiempo, hacer mejor, o con más eficiencia, o con más brillantez lo que en un momento inició. Y por eso es que pasamos de pequeños almacenes a grandes centros de mercadeo y, más tarde, a centros que son un conglomerado de negocios… Cada día surgen nuevas maneras de llegarle a las clientelas, más en épocas de graves dificultades como las que pasa El Salvador.

La innovación se da en lo productivo como se da en lo cultural y lo artístico. Sin los Picasso, los Cezanne, los Kandinsky de los inicios del Siglo XX, el arte se habría estancado. Y es sintomático que quienes se opusieron a esas tendencias, las calificaron de degeneradas y peligrosas y las persiguieron implacablemente, fueron los comunistas y los nazis, al extremo de prohibir a ciertos artistas pintar cuando no los encarcelaban.

Estamos en un punto en la historia en que muchos esquemas para hacer las cosas están siendo superados, en parte gracias a los adelantos en la tecnología, en parte a causa de la globalización. Y en el caso de los servicios de Salud, como parte de la atención brindada en las farmacias, de consultas aisladas es concebible que se pase a centros que recopilen información y puedan indagar en fuentes externas la mejor manera de tratar una dolencia.

No hay límites a la imaginación…