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Se solidarizan con regímenes fallidos e inhumanos

La agenda "de los cambios profundos" se mantiene, no hay argumento ni experiencia ni compasión en cuanto a seguir corriendo tras los sueños de opio

En menos de una semana el gobierno salvadoreño, en la figura de su mandatario, ha ido a rendir pleitesía —adhesión y admiración— a dos dictaduras, la de los Castro y la chavista y sucesores, pese al continuo atropello de éstos a los derechos humanos elementales y a la pobreza en que Cuba y Venezuela están sumidos.

Se dice que el viaje a La Habana se hizo por motivos de salud, pero dadas las condiciones hospitalarias en la Isla, peores que las de El Salvador, don Salvador habría estado mejor pasando consulta en el Rosales que allá en la ex-Perla de las Antillas. Y esto no porque en Cuba como acá no haya excelentes médicos, sino por la lipidia que aflige al sistema.

Pero que luego la plana mayor de los sumos sacerdotes del comunismo criollo se haga presente en Caracas, donde matan a manifestantes en las calles y encarcelan a opositores, asombra mucho y aflige todavía más.

En Cuba no hay ningún vestigio de democracia, de partidos opositores, de información independiente, de reales libertades. Y los que ahora meten hombro apoyando a los rojos sin serlo ellos, deben aprender en pellejo ajeno, en el sufrido pueblo cubano. Y por esta ilusa gente que se menea por conveniencia momentánea sin pensar en lo que luego les espera, es que hemos ido hundiéndonos en el desastre.

Los tontos útiles, como los calificó Lenín…

Cambios profundos por venir

hasta que reviente el país

La agenda "de los cambios profundos" se mantiene, no hay argumento ni experiencia ni compasión en cuanto a seguir corriendo tras los sueños de opio, en implantar por la fuerza un esquema inhumano, empobrecedor y demencial.

A los extremos que llega el fanatismo se puede ver no sólo en los casos de Cuba y de Venezuela, sino también en lo que sucede en el Medio Oriente y donde con tanta frecuencia se presentan voceros del régimen a dar su apoyo a movimientos catalogados como terroristas. Y los vínculos entre Caracas y Teherán son fuertes y visibles, a tal punto que el chavismo ha actuado como intermediario entre fundamentalistas y el régimen de Evo, en Bolivia.

Además está la relación de los chavistas con la narcoguerrilla colombiana, como lo comprueba un alijo de droga de más de tonelada y media descubierto en un vuelo de Air France que partió de Caracas a París.

Al regreso de su viaje La Habana/Caracas, preguntamos a don Salvador: ¿Es que quiere para esta tierra —que hasta el momento es un país libre, un país donde no se ha aplastado la democracia y un país donde funciona la institucionalidad aunque amenazada—, lo que existe en Cuba?

¿Es que el gobierno salvadoreño apuesta por mantenerse en alianza con un régimen que está a punto de implosionar a causa de la estrepitosa baja del precio del petróleo?

A los extremos que llega el fanatismo se ilustra con la carnicería en Pakistán, de más de un centenar de escolares, entre 12 y 16 años, a manos de los talibanes. Los fanáticos siempre persiguen a la educación, siempre se oponen a que la gente joven se forme como pensante, responsable, trabajadora y capaz de labrarse por sí solos su futuro.

En Cuba como en Venezuela y aquí, desde hace un tiempo, lo que se busca es indoctrinar, no educar.