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La sociedad civil ha impedido que colapse la institucionalidad

En este país se han perdido los pesos y contrapesos institucionales y, al paso que van las cosas, puede herirse de muerte el principal contrapeso al abuso de un gobierno, que es la opinión pública

Es sólo gracias a los esfuerzos de la sociedad civil en sostener la producción y el empleo, defender la democracia y el Orden de Derecho, cuidar las instituciones y protegerse de las depredaciones del crimen organizado y del saqueo fiscal, es que no hemos caído en un Estado fallido ni en un despotismo a la cubana, como por todas las señales se propone el actual régimen.

El madrugón último es la mejor prueba de la precariedad en que se encuentra el país: después de ofrecer debatir la conveniencia de la reforma y habiendo acordado cambios a lo presentado por el Ejecutivo, la aplanadora impuso lo que sólo perjuicios va a acarrear, incluyendo una reducción del ingreso fiscal.

La demostración más cruda del rumbo que se lleva es la composición del gabinete de gobierno, "en buena medida en manos de comunistas", sin que haya espacios significativos para miembros de los partidos aliados o de fuerzas que les han apoyado. Y eso recuerda la frase de Lenín sobre la etapa previa a la toma del poder: está el partido, están los compañeros de viaje y están los tontos útiles; una vez consolidado el poder no hay ni espacio ni uso para otros grupos o fuerzas, e inclusive se montan purgas, allá como acá, para aplastar toda disidencia.

Y eso sucedió a muchos miembros del FMLN que quisieron modernizar el partido, sacarlo de las cavernas.

La ilusión, o leyenda, es que no hay ningún lugar del país en el que no opere la institucionalidad y no puedan entrar las fuerzas del orden, lo que contradice el hecho de que miembros de la policía son atacados con armas de guerra y muchos han muerto.

Lo esencial, proteger a la gente, no lo cumple el actual régimen

Un país en el que no funcionan los entes controladores, en el que abiertamente funcionarios exhiben riquezas repentinas, que desconoce y viola contratos, donde se decretan leyes para aplicarse retroactivamente y en el cual se suspenden investigaciones sobre despilfarros al estilo del hoyo de El Chaparral no encaja con lo que se espera de un Estado que funcione con una medida de eficiencia y probidad.

En este país se han perdido los pesos y contrapesos institucionales y, al paso que van las cosas, puede herirse de muerte el principal contrapeso al abuso de un gobierno, que es la opinión pública, como lo comprueban las coacciones a los medios e informadores que investigan determinados hechos, como el escandaloso enriquecimiento de un figurón político.

A lo largo de milenios, desde que la civilización es civilización, procurar la seguridad de la población, proteger caminos y combatir la piratería fue el cometido principal de un Estado. Y en eso, por las razones que sean, ha fracasado el Estado salvadoreño, incapaz de evitar los asesinatos de personas indefensas y las extorsiones que están forzando el cierre de miles de pequeños negocios en toda la República.

La República, El Salvador, es de todos, lo que obliga al pluralismo, a debatir los asuntos que inciden en el bienestar general, a proteger las minorías y a formular políticas basadas en la sensatez, la experiencia y lo que es el orden civilizado. No hay lugar para sectas de fanáticos voraces.