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Socialismo para la gente, capitalismo para comunistas

Eso de ir "al socialismo" debe espantar a toda persona que aprecia sus libertades, aprecia vivir siguiendo sus impulsos y su conveniencia versus estar sometido por otros

Los comunistas “no renuncian a llevar al país al socialismo y por eso están haciendo las transformaciones que cada vez se deben profundizar”, declararon la semana anterior dos miembros de la cúpula roja, anticipando resoluciones del congreso del partido.

La propuesta es anticonstitucional, ya que cambiaría el sistema de gobierno —pluralista, democrático, representativo y basado en el Orden de Derecho— por una dictadura bajo un partido único, donde se abolirían la propiedad privada, las libertades cívicas, la libre expresión y lo que internacionalmente se consagra en las disposiciones que salvaguardan los derechos humanos.

A ello se suma una realidad muy triste: sin haber llegado a “cambios profundos”, los efemelenistas han causado graves daños a la economía, propiciado que el país se considere el más violento del mundo y que se incremente la corrupción, se deterioren los servicios públicos, se afecte la competitividad de las empresas y se reduzca la inversión foránea e interna.

Según afirmaron, “el socialismo y el neoliberalismo” no pueden convivir, pues son antagónicos. Pero si por neoliberalismo se entiende un sistema con propiedad privada e inversiones masivas de dinero, los grandes negocios de Alba y las inversiones que gente al estilo de Reyes hacen en terrenos, propiedades urbanas, quintas en Chalatenango, habrá “socialismo”, o sea pobreza y servidumbre para la gente y capitalismo para los comunistas.

Dicho de otra manera, si yo, capitalista, tengo una propiedad, eso en la sociedad mítica comunista no será lícito, pero si tú, comunista, compras propiedades con dinero de origen desconocido, eso es lícito. Y así se pasa a empresas de transporte como Sitramss, aerolíneas, distribuidoras de fertilizantes....

Bajo el “socialismo”, se dice, todos seremos iguales, pero también habrá unos más iguales que otros. Los más iguales serán los comunistas neoliberales dueños de negocios y propiedades; luego vendrán otros menos iguales como los funcionarios menores; de allí a los todavía menos iguales que son la masa, hasta llegar a los nulamente iguales que serán los opositores y los “gusanos”.

Armonizar todas esas contradicciones es el papel de la “dialéctica”, que aclara a los minuspensantes, el voto duro del partido, por qué si un productor  tiene una finca de cien manzanas es una señal de explotación, pero cuando un miembro de la cúpula roja posee doscientas manzanas es lícito por estar en manos de “el pueblo”.
 

¿Están ustedes, ciudadanos,
mejor ahora que antes?  

  Eso de ir “al socialismo” debe espantar a toda persona que aprecia sus libertades, aprecia vivir siguiendo sus impulsos y su conveniencia versus estar sometido por otros, aprecia lo que ofrece el mundo capitalista, desde las comunicaciones sin censura hasta ir de un confín del país a otro sin pedir permiso.

Y aquí preguntamos a los lectores: ¿están ustedes mejor, más prósperos, más seguros en su empleo, más seguros en sus vidas ahora con los rojos al mando del país, o eran preferibles las condiciones que existieron durante los tres primeros gobiernos de ARENA?

¿Qué clase de sociedad quisieran que sus hijos heredaran: la que hubo hace quince años, o lo que están pintando al estilo de Venezuela, con hambre?

En la misma forma preguntaríamos a los abanderados del socialismo, que digan qué país “socialista” es próspero, que no esté estancado en el tiempo, donde la gente elija lo que hace y puede hablar sin temor...