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El socialismo del siglo XXI: "capitalismo de pocos ladrones"

En El Salvador las señales no pueden ser peores, dado no sólo el historial de quienes capitanean el comunismo, sino también las reiteradas promesas de “impulsar cambios profundos”

ANEP inauguró un foro para alertar sobre el riesgo que corre nuestro país de caer en una dictadura comunista. En el encuentro participan el presidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), Jorge Roig, y el presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil (Ecuador), Pablo Arosemena, quienes han ya señalado las funestas consecuencias del llamado “socialismo del siglo XXI” para sus naciones.
  
Ese socialismo, “el capitalismo de unos pocos ladrones”, como lo calificó el cardenal Rodríguez Maradiaga, de Honduras, ha devastado la economía venezolana, está destrozando a Ecuador y ha hundido en el primitivismo a Bolivia, país donde hay una creciente repulsa por los intentos de Evo de reelegirse como presidente.

En El Salvador las señales no pueden ser peores, dado no sólo el historial de quienes capitanean el comunismo, sino también las reiteradas promesas de “impulsar cambios profundos” que no pueden ser otras que desvalijar a los ciudadanos de sus pertenencias, de su libertad, de sus instituciones y de lo que resta de democracia.

El quehacer humano en los países libres se manifiesta a través de una cuasi inagotable multiplicidad de tendencias, gustos, estilos, puntos de vista, interpretaciones sobre sucesos, aciertos, fracasos, puntos muertos.

El mundo de la moda es un ejemplo de esa creadora diversidad. Mes a mes, en Tokio, en París, en Buenos Aires, los modistas, diseñadores, cosmetólogos, estilistas, zapateros, textileros, presentan sus “colecciones”, todos intentando ser originales, todos queriendo sentar las nuevas tendencias.

Pero eso no está sucediendo en Caracas ni menos en Cuba, donde la ropa está racionada y lo importante, decisivo, no es conseguir una blusa de colores pastel, sino de conseguir lo que sea para ponerse, el “estreno del año”.

Y la solución comunista al deseo de vestir bien la dio Mao: todos los hombres con una casaca azul, todas las mujeres con un vestido floreado. Punto. Andar probando o creando estilos es un desperdicio de esfuerzos, piensan.

Un esquema que se fundamenta en el engaño y la mentira

Es claro que los productores venezolanos y ecuatorianos estén cayendo en ese mundo gris donde se hace lo que se puede, pues no se trata de crear o de ser eficientes o servir las necesidades del público, sino de sobrevivir, de poder seguir adelante hasta que les cae el garrotazo de las estatizaciones, cuando el déspota ordena “nacionalizar”, lo que es sinónimo de robar y arruinar.

O como lo expresó Jorge Daboub, presidente de ANEP, “el modelo impuesto en Venezuela y Ecuador y que ahora enfrenta El Salvador, es resultado de imponer una franquicia que en otros países ha redundado en pobreza, inseguridad, escasez de bienes, ataque a la clase media y destrucción de la libertad y la democracia... esta no es una ideología política, sino una etiqueta para encubrir una dictadura que se apoya en el engaño...”.

Nadie puede mencionar un país comunista que además de comunista sea próspero, libre e innovador. En todas esas desgraciadas naciones, en el momento mismo en que se implanta el comunismo (con el nombre que sea), inicia un proceso de ir hacia atrás, de caminar hacia la Edad de Piedra.

Y esto lo han visto y lo ven no sólo los que visitan La Habana, sino los que hayan recorrido el Este europeo antes del derrumbe del Muro de Berlín.