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El socialismo del Siglo XXI es capitalismo de ladrones

A medida que se hacen con el poder y aniquilan a la oposición, desaparecen los pesos y contrapesos que, en teoría, impiden el abuso y castigan al corrupto

El socialismo del Siglo XXI (lo que vale para todo socialismo) es un capitalismo de pocos ladrones, dijo el Cardenal Rodríguez Maradiaga.

Y el mejor ejemplo, en lo que obviamente estaba pensando el Cardenal, es lo que sucede en Venezuela: el pueblo, hasta los engañados, sufren penurias de toda clase, mientras los jerarcas amasan grandes fortunas y viven como los califas de las Mil y Una Noches.

Las cifras del gasto de Maduro, de las hijas de Chávez, de la familia de Chávez, de los principales del régimen, son asombrosas. Viajan en sus propios aviones, gastan a raudales, compran fincas, casas y negocios; toman mordidas de las compras estatales (como la Chávez en una adquisición hecha a Argentina), viajan en limusinas y caravanas... todo esto cuando Venezuela está a punto de caer en la insolvencia y escasea la comida y los artículos de primera necesidad.

Capitalismo de ladrones describe el paso del comunista Salvador Allende por la presidencia de Chile: a su muerte se reveló que en un país donde hacía falta de todo, hasta cepillos de dientes, Allende tenia bodegas repletas de licores finos, manjares, ropa de lujo, joyas...

Como fue el caso de la "nomenclatura" soviética, los comunistas italianos y el dictador de Rumanía, Ceausescu, que se hizo construir varios palacios. Ceausescu fue ajusticiado junto a su mujer cuando cayó el Muro de la Infamia.

El Cardenal no sólo ha visto el caso de Venezuela, sino lo que sucedió en Honduras cuando "el hombre del sombrero", Zelaya, pasó por la presidencia y pese a su condición de hacendado próspero, se llenó los bolsillos de dineros públicos. La maña nunca la pierden...

A mayor pobreza de la gente mayor el boato del corrupto

Y está el caso de Nicaragua: sandinistas que vivían de modestos salarios, modestos dadas sus modestas capacidades como empleados y trabajadores, hoy en día se cuentan entre los hombres más opulentos de Centro-América. Uno de ellos, el propio hermano de don Daniel, vive en Costa Rica, donde se pavonea en automóviles deportivos que cuestan centenares de miles de dólares, lo que también se ha visto en otros cielos de la región: corruptos y además depravados conduciendo lujosísimos vehículos.

En esto la frase de Lord Acton tiene una imperecedera vigencia: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los comunistas, en cualquiera de sus variantes, destruyen la institucionalidad y destruyen la moral pública por considerarlas burguesas. Y, a medida que se hacen con el poder y aniquilan a la oposición, desaparecen los pesos y contrapesos que, en teoría, impiden el abuso y castigan al corrupto.

Allí surge la práctica de toda banda excluyente, centralizadora: protegerse a sí mismos por el hecho de pertenencia: los "compañeros", "cofrades", "hermanos en la lucha", etc., se cuidan las espaldas unos a otros, no admiten que jueces, la opinión pública o los mecanismos de defensa social encaucen, acusen o pretendan procesar a los que descubren con las manos en la masa.

El agravio se acopla con el insulto: a mayores penurias de la población, mayor es el boato de los corruptos. A las limusinas, los seguidores, las mansiones, las joyas y los trajes, todo obtenido del robo de bienes públicos, se suma la prepotencia y los ataques a otros, ataques que pasan luego a represalias y encarcelamiento, como les sucede a los grupos opositores en Venezuela.