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Sobre el nuevo paquetazo y su ineficiente manejo

Las consecuencias del golpe tributario sobre la economía se vienen sintiendo desde hace mucho: lo primero es el desplome de la inversión externa e interna, que coloca a El Salvador como el país que menos inversión recibe en el Istmo

Casi de inmediato todo nuevo impuesto se traslada a la población, sea en precios más altos, en menores oportunidades de empleo, en reducidas alternativas de compra, en menor inversión.

Los rojos quisieran y pretenden que los impuestos que se han ido decretando y que exprimen a la Nación los van a pagar los afectados directamente sin que haya un inmediato efecto de cascada.

Pero tal cosa es imposible: todo impuesto repercute en los costos de hacer cosas, por lo que de inmediato se extiende por toda la economía.

La gente de trabajo, los que producen, fabrican, comercian, siembran, brindan servicios, al igual que el común de personas y familias que viven de sus salarios, se duelen que el dinero que les ha costado mucho esfuerzo ganar y con el que tanto de útil podrían hacer, lo malgasten y despilfarren quienes no pueden administrarlo.

A ello se agrega la terrible realidad de que atrás del “cobrador de impuestos” van los extorsionistas...

Vamos al impuesto a las comunicaciones: si hacer llamadas o importar equipos de computación es más caro, ese valor adicional lo pagan los usuarios de los servicios. Y al pagarse, también afecta otros costos y así, sucesivamente, en una aceleradísima carrera, pues inclusive aunque el impuesto no entre en vigor en los próximos meses, desde ahora los actores económicos comienzan a ajustar sus operaciones y negocios.

Las consecuencias del golpe tributario sobre la economía se vienen sintiendo desde hace mucho: lo primero es el desplome de la inversión externa e interna, colocando a El Salvador como el país que menos inversión recibe en el Istmo y en el Hemisferio.

A esto se suma el incremento de la pobreza, la reducción de empleo en el sector productivo, el creciente costo de vida y, además, la baja en las recaudaciones fiscales causada por los excesivos impuestos que viene decretando el gobierno actual.
 

Dar de palos a los productores
perjudica a toda la población
  

Todos pierden cuando hay una contracción económica del calibre de la presente.

La desesperación por cobrar más impuestos y estar inventado nuevas maneras de exprimir al público, o “a los que más tienen” como dice Sánchez C., es el  resultado del torpe manejo de las finanzas públicas tanto por Hacienda como por las distintas dependencias, ministerios, entidades y burocracia.

Mucho podría mejorar si nombran en Hacienda a profesionales competentes que administren con acierto los fondos estatales. Y otro gallo le cantara al país si los que capitanean el Ejecutivo y el Legislativo hicieran de lado sus odios y se esforzaran por entender cómo funciona la economía en general: no como piezas separadas, autónomas, con una especie de vida propia, sino como partes de una cadena viva de producción, en la que si un eslabón falla o se debilita, el resto también sufre.

En tal sentido la economía funciona como un conjunto orgánico donde cada miembro está vinculado medularmente al resto. Y, por tanto, lo que afecte a los fabricantes, a sus patrimonios y a sus ingresos, también repercute sobre la agricultura, los niveles y oferta de empleos, el bienestar o malestar de las comunidades.

Golpear a una clase de productores golpea a toda la población.