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Sitramss: ocurrencias, errores remiendos, parches, atascos…

Costó mucho sacrificio, esfuerzo y dolor recomponer y reconstruir El Salvador de la agresión comunista de los Setenta y Ochenta, para que ahora el país sufra otro garrotazo, el garrotazo de la incapacidad y el desorden.

Lo que se hace a la carrera nunca sale bien, como lo está demostrando el caos generado en el Gran San Salvador por los trabajos del Sitramss y la Panamericana, que a todas luces no se rigen por ningún plan bien estructurado sino que van improvisando, de ocurrencia en ocurrencia, de parche en parche y sin oír a nadie, lo que se traduce en padecimientos de toda clase para la población.

Casi sin aviso, o sin el "casi", calles son cerradas, paradas de buses cambiadas sin que los pobres usuarios se enteren a tiempo, el tráfico se desvía por zonas no preparadas para soportarlo… los destrozos que los trabajos del Sitramss han causado en las calles de la periferia tomarán muchos meses reparar, aunque dado el estado de las arterias en el país, estado calamitoso, los baches y pavimentos en mal estado serán lo "normal" de aquí en adelante.

Costó mucho sacrificio, esfuerzo y dolor recomponer y reconstruir El Salvador de la agresión comunista de los Setenta y Ochenta, para que ahora el país sufra otro garrotazo, el garrotazo de la incapacidad y el desorden.

Y comenzar de nuevo, como en la leyenda de Sísipo, condenado por toda la eternidad a empujar una enorme piedra hasta la cima de una montaña, para que esta ruede una vez más al fondo, es lo que le tocará a este país mientras los rojos sigan con su proyecto totalitario.

Como ejemplo: la ubicación de los talleres de mantenimiento, que originalmente se había previsto en la vieja terminal del ferrocarril, pero siendo esta, a juicio del VMT, "un bien cultural" (siempre arranca sonrisas cuando los rojos hablan de "cultura") decidieron montarla en las antiguas instalaciones de Obras Públicas, para luego hablar de unos terrenos no definidos en San Marcos, los que pueden terminar comprándose al doble de su valor real.

Nada les importan los perjuicios que padece el público

Para desarrollar el proyecto, partiendo de una idea de Norman Quijano que en ningún momento se pensó iba a desarticular a San Salvador, se pagó casi un millón trescientos mil dólares en un estudio realizado por un consorcio. El estudio era un buen punto de partida y como tal pudo haber servido de hoja de ruta para completarlo y perfeccionarlo.

Pero ese estudio y otro financiado por fuentes externas los amoldaron a su gusto para poner en otras manos el llevar a cabo y adaptar los distintos planes y lo que surge día a día a la dirección del programa, con los resultados que el público tiene a la vista: cierres, aperturas, nuevos cierres, preinauguraciones, nuevos desvíos, más cierres, habilitaciones, destrucción de pasarelas… nadie conoce quiénes son los que están tomando las decisiones clave, pero conociendo la clase de personas que se nombran en los ministerios y oficinas del actual régimen, no se puede esperar otra cosa que el arroz con mango que han generado.

Un plan puede ser insuficiente y poco realista, pero ir por el camino sin ningún plan es todavía peor.

La obvia conclusión es que al régimen le importan poco los perjuicios que se ocasionen a la población si se trata de imponer proyectos o programas, como se demuestra que no tienen ningún interés ni capacidad para rectificar lo que la práctica demuestran ser políticas fracasadas.