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No sirven a Zacatecoluca, sino que se sirven de ella

De personas honestas que cuidaban las ciudades y promovían la convivencia pacífica, estamos cayendo en las que se sirven de ellas...

Tan pronto tomaron posesión de sus cargos los ediles de Zacatecoluca se subieron salarios, en cumplimiento de la maña roja de llegar, no a servir a una comunidad, a las instituciones en las que sean nombrados o los cargos que desempeñen, sino a servirse de esos puestos.

Pueden estar seguros nuestros lectores de que enseguida va a comenzar el despido de personal no afín al partido, como está sucediendo en San Salvador y ha sido norma en casi todas las dependencias estatales, donde sacan a profesionales y personas con capacidad demostrada para nombrar parentelas y amigatelas.

Y esto en grave menoscabo de los viroleños, que pagan impuestos pero que no verán mayor fruto de ese sacrificio, ya que los que se instalan carecen de habilidad para administrar recursos, tienen una enorme capacidad para despilfarrarlos, no dejan obra alguna y lo probable es que endeuden al municipio, como sucedió en San Salvador, está volviendo a ser el caso y es la maldición nacional.
                                  
Para que las ciudades funcionen bien y sean asiento de progreso, de armonía entre sus pobladores, de futuro para sus jóvenes y descendientes, se requiere de  buenos servicios, obras perdurables, atención a la seguridad y ser, además, lugares que enseñen con el ejemplo. Se dice, lo que es casi un lugar común, que las buenas y tranquilas, medianas y pequeñas ciudades en Hispanoamérica y Europa educan con sus iglesias y monumentos, sus ceremonias, su disciplina, su orden y la belleza de sus jardines.

Así fue San Salvador y así fueron nuestras principales ciudades como Santa Ana, San Vicente y La Unión hasta que dio comienzo la plaga de la agitación comunista, las marchas diarias, el emporcamiento de paredes y la violencia.

Y las cicatrices dejadas por esa agitación perduran, como cualquiera puede verlas en el centro urbano de San Salvador y en las principales calles del país, a lo que ahora se suman las pintas de las pandillas.

De ciudades tranquilas a ciudades más y más salvajes
 
Continuando el patrón comunista, lo que sigue es meter en los presupuestos municipales a cientos de agitadores “políticos”, que sirven a su partido pero que,  obviamente, son parásitos urbanos.

Prepárense los viroleños a contemplar más suciedad en las calles, menos mantenimiento en parques, deficientes servicios comunitarios, casas nuevas y vehículos nuevos propiedad de los ediles, cuyos niveles de vida, milagrosamente, mejorarán.

Civilización es una palabra derivada de “ciudad”, lo que diferencia la clase de vida que se lleva en el campo, o el monte, y lo que es una estructura de actuar y trabajar que es propia de las ciudades. Hay pueblos nómadas que deambulan siguiendo rebaños o pastos que desarrollan una civilización, en el buen sentido, pero siempre inferior a lo que caracteriza la civilización como una estructura urbana.

Civilizar, poner en pie una ciudad donde sólo hubo rancheríos y al hacerlo iniciar la aventura de El Salvador, es lo que debemos a Don Diego de Holguín (cuyo nombre salvajemente se pretendió quitar a un gran bulevar) y fue esa la madre de las otras ciudades que se fueron fundando en nuestro territorio y a lo que debemos el ser “civilizados” hasta que la barbarie comenzó a menoscabarlas en su forma esencialmente pacífica y progresista.

Y de personas  honestas que cuidaban las ciudades y promovían la convivencia pacifica, estamos cayendo en las que se sirven de ellas...