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Sin casas de playa el litoral estaría en el peor abandono

En vez de reducir gastos y administrar con honestidad los presupuestos con que cuentan, el remedio es seguir inventando nuevas maneras de desvalijar al país, de exprimir al extremo a los ciudadanos

En distintas y difíciles condiciones se encontraría el litoral salvadoreño –--playas, balnearios, lagos--- sin las casas, viviendas y desarrollos que el régimen antojadizamente califica como bienes suntuarios pero que sostienen a centenares de miles de familias, son el espinazo de la industria de servicios del litoral y fundamento del turismo interno como externo.

Por causa de la precaria seguridad en ciudades que antes atraían mucho turismo interno como Suchitoto e Ilobasco, la gente va a las playas, pues allí funcionan restaurantes, hoteles, balnearios, comercios de toda naturaleza, proveedores de servicios desde gasolineras hasta talleres y hay vigilancia, gracias en gran medida a las casas de playa, que ocupan seguridad, trabajadores y sostienen la estructura turística.

Cada vivienda de playa fue proyectada, diseñada, construida y dotada de servicios, generando empleo en todas sus fases. Muchas personas y pequeños negocios dan mantenimiento a jardines, bombas de agua, cisternas, fosas sépticas, vías y vigilancia, además de las clínicas de salud, escuelas para educar a niños que de no existir esas comunidades se quedarían sin aprendizaje.

Durante los fines de semanas y períodos de vacación se suministra comida a los playeros, se pescan ostras y curiles, se venden barquillos… mucha gente participa en estas actividades y con ello complementan ingresos.

Edificar y sostener casas de playa por "amor al arte", para descansar, es un aporte a la vida del litoral, un medio de subsistencia de las familias y comunidades del lugar. En una época la gente tenía muy pocas opciones, desde hoteles que operaban en parte como casas de cita, ranchos de pobre salubridad o las instalaciones del Club Internacional o del Autoclub frente a la playa El Obispo, en La Libertad, sin otras alternativas.

"El remedio" a sus despilfarros es seguir saqueando y endeudando

La diversión de los visitantes a las playas en las cercanías de La Libertad era pasear hasta el muelle, ver las ventas de conchas y collares, comer minuta y comprar un pescado. Y los lugareños o trabajaban en esos servicios o estaban al empleo de las operaciones portuarias. El litoral estaba apenas poblado por familias aisladas que sembraban las laderas arruinándolas hasta la situación de casi desierto que tienen hoy.

La casa de playa es parte de un mismo patrimonio y parte de un ingreso que paga impuestos, por lo que tasarla por separado es cobrar dos veces por lo mismo. Sostener una casa de playa tiene un costo que no beneficia económicamente a sus dueños pero que aporta grandemente al bienestar del litoral. Si esos costos se elevan los dueños pueden optar por cerrar, dañando a los lugareños.

En sus estertores, a causa de su voracidad, de la corrupción y los despilfarros como los denunció el Obispo Auxiliar, el régimen está casi en la quiebra, pero o no se le ocurre o no quiere reducir drásticamente sus gastos, como hace la gente normal, la de trabajo, cuando los negocios van mal o se reducen los ingresos de una familia o persona.

En vez de reducir gastos y administrar con honestidad los presupuestos con que cuentan, el remedio es seguir inventando nuevas maneras de desvalijar al país, de exprimir al extremo a los ciudadanos, a quienes además están dejando una enorme deuda para pagar, deuda del despilfarro, no deuda adquirida para mejorar la competitividad nacional.