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Siguen despidiendo empleados para colocar activistas rojos

El nepotismo es una de las peores formas de corrupción, que se desborda cuando los individuos en el poder ven a El Salvador como su finca.  

Un funcionario del Ministerio de Economía ha denunciado su despido por no ser militante del partido rojo, hecho que se repite miles de veces desde la previa y  funesta presidencia.
  
Pretextos siempre los hay para quitar de sus empleos a quienes no militan en el comunismo, siendo el más usual de que no merecen “confianza” o que en las investigaciones hechas sobre su labor o sus personas, no “aprobaron”. Y allí va para la calle el atropellado para ser reemplazado por la nieta, el cuñado, los sobrinos o resto de las parentelas rojas.

A esto se agrega que los “investigados”, como en la historia de Kafka, nunca saben qué se indagó de ellos o a qué conclusiones llegaron, pues es información “privada”.

Quitar de su empleo a alguien para sustituirlo por parientes, ignorantes o correligionarios es una forma vil de corrupción como asimismo una modalidad de delito, el equivalente a asaltar en los caminos o atacar en las barriadas a personas indefensas.

Y es delito al despojar sin causa a una persona de lo suyo sin seguir procesos claros y en los cuales los afectados puedan defenderse.
En el caso del licenciado Ríos se reveló que una oficina estatal de “transparencia” --¡vaya sarcasmo!-- ha montado una estructura de control laboral dentro del ministerio y presumiblemente a lo largo y ancho del aparato estatal, lo que trae a la memoria lo sucedido en gran número de dependencias al llegar los rojos al poder: se instalaron cámaras, micrófonos y se sometía a los empleados no enloquecidos.

Tales procederes repiten lo de “el Gran Hermano te vigila”, de la novela de George Orwell, que fue una denuncia de lo que en esos momentos sucedía en la Unión Soviética y fue el azote de los pueblos atrapados por el comunismo hasta el desplome del Muro de Berlín.
Hay graves perjuicios a las víctimas directas pero aún más nocivos a la colectividad, a saber:

Lo primero, que mucho del tiempo que ocupa al grupo en el poder y sus funcionarios no es para hacer mejor las cosas, capacitarse o administrar con eficiencia, sino en ver cómo despojan a buenas personas de lo suyo;
lo segundo y lo que son perjuicios que afectan a los usuarios de servicios públicos, se pierde la riqueza en experiencia, capacitaciones y saberes adquiridos, al sustituir uno con trayectoria por el sobrino o el activista;
y para remate otro hecho: el bajo nivel educativo de los militantes del comunismo, que tienen a la cabeza a gente que ni siquiera alcanzó Plan Básico.

Los salvadoreños pierden con nombramientos de incapaces  

El caso más patético es el de Salud Pública, donde se persigue a profesionales capaces para nombrar títeres de los ministros, los que a su vez brillan por la opacidad de sus trayectorias y desempeños.

Los salvadoreños merecen y para eso trabajan y pagan impuestos, gobiernos que los beneficien, funcionarios que asumen sus cargos para servir al país y no para servirse del país. Y los empleos estatales deben asignarse a los más conocedores y capacitados, no a los que llegan por sus nexos.

El nepotismo es una de las peores formas de corrupción, que se desborda cuando los individuos en el poder ven a El Salvador como su finca. Finca o mamandurria, como despensa abierta para hartarse, prostituir jovencitas, forrarse los bolsillos.