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"La seguridad" en sus manos en el quinquenio sangriento

Por la gente que se nombra en posiciones de responsabilidad ----los ineptos que hemos visto desfilar en una y otra institución---, es que el crimen se ha desbordado

La advertencia que hace el gobierno estadounidense a sus ciudadanos que visitan o viven en El Salvador es la que todos, en una u otra manera, tratamos de cumplir: estar alerta a los peligros de la calle, no conducir vehículos por la noche, evitar áreas de alto riesgo.

La mayoría de salvadoreños agrega otras precauciones, como cerrar bien las viviendas y, en lo posible. no andar con dinero, teléfonos inteligentes ni objetos de valor consigo.

La culpa de que hayamos caído en este espanto es del presente régimen, que entre muchas otras cosas controla los cuerpos de seguridad, los sistemas de inteligencia, los centros penales y la circulación de vehículos y personas, pero por incapacidad, por una medida de complicidad, por la gente que se nombra en posiciones de responsabilidad --los ineptos que hemos visto desfilar en una y otra institución--, es que el crimen se ha desbordado y nadie está seguro de su vida ni de sus pertenencias en este país.

Para insultar a los productores, ofrecer maravillas en campaña, hostigar a quienes les critican o denuncian, sí que no les faltan ganas ni ocasión.

Pero hacer patrullajes efectivos, detener y registrar a individuos que no encajan en ciertas áreas, descuidar la recopilación de datos sobre maras, clicas, cabecillas del crimen y narcotráfico, para eso carecen de las suficientes entendederas y, lo más grave, suficiente motivación.

Cualquiera, como la jueza del Canadá que consideró imposible que desde la cárcel unos delincuentes estuvieran amenazando a una familia, se asombra al saber de que en las prisiones haya celulares, que operen mafiosos contactándose con sus homólogos en el exterior y más que desde allí se extorsione y se ordenen asesinatos, ¡sin que las autoridades hagan lo posible para impedirlo o, lo peor, que se enteren de los alcances del problema!

Se mata por matar, incluso aunque no haya resistencia

A los extremos que se ha llegado es que los asesinatos, cada uno de los cuales es un hecho espantoso que golpea a familias, vecindarios y comunidades, son ahora "estadísticas" y que como tales se comparen los de una semana con la de otra, o la de un año con los previos. La macabra danza de números…

Los asesinatos son una de las caras del horror, mientras que la otra son las extorsiones aunque, con frecuencia, éstas se perpetran planteando la alternativa: si no pagas con tu dinero, pagas con tu vida.

Y es a causa de estos chantajes (los que el gobierno en cierta manera justificó diciendo que era un modo de vida de los grupos de delincuentes) que matan a señoras, buseros, taxistas y residentes de colonias.

Nadie que se crea persona, un ser humano, deja de conmoverse profundamente con el caso de dos hermanos, uno motorista y otro cobrador, asesinados en San Pedro Perulapán, localidad a la que habían llegado para iniciar servicio de transporte donde no lo había.

La inepcia –y en eso brillan los meritócratas que han desfilado en los distintos organismos que tienen que ver con seguridad y prevención-- es, junto con la impunidad y la complicidad, el terreno más propicio para el crimen.