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Según ellos, hay impuestos que no afectan al país entero

No hay impuesto ---y los préstamos son un impuesto aunque los otorgue la dictadura venezolana o el Banco Interamericano--- que no termine afectando, para bien o para mal, a todos los pobladores

Se ha anunciado que el partido rojo, bajo la creencia de que hay impuestos que no afectan de inmediato a todos los pobladores de un país, se prepara para un madrugón legislativo, su práctica inveterada: agotan a sus opositores, reducen la asistencia y aprueban sus paquetazos.

El orden que vienen propiciando es resultado de su sólido desconocimiento de la economía, de no entender la manera en que funciona la producción, de subestimar cómo interactúan los que hacen, venden, fabrican, transportan, cosechan, compran, rinden servicios, exportan, importan… nada se mueve en un país que no afecte a todos.

El problema es que los rojos han caído en una forma de teocracia, a partir del hecho de que nunca han tratado de comprender objetivamente lo que se hace y por qué se hace en el sector productivo.

Pero no hay impuesto ---y los préstamos son un impuesto aunque los otorgue la dictadura venezolana o el Banco Interamericano--- que no termine afectando para bien o para mal a todos los pobladores del país, pues a todos les toca pagarlo.

De igual manera, todo impuesto afecta a la totalidad de habitantes. Si se gravan los materiales de construcción, el efecto lo sienten desde los que compran casa, los trabajadores que la construyen, la vivandera que los alimenta hasta los que venden granos a esa señora. Y de uno en uno todos son afectados, pues los impuestos son costos, y los costos los pagan los consumidores, que somos todos.

Son los efectos de cascada: el incremento en los costos, o la baja de costos, afecta a los precios, los que pagan los consumidores de esos productos, quienes a su vez trasladan a sus clientelas y a su entorno las diferencias y así al infinito.

Ese desconocimiento es el causante de la crisis económica del país y de que al régimen no le salen las cuentas. El bajón de la economía se traduce en negocios que han tenido que cerrar, personas que pierden su empleo, en las dificultades de encontrar nuevo empleo, en la falta de medicinas en los hospitales pese al despliegue propagandístico reciente, en el deterioro de caminos y carreteras, en los aparatos arruinados de los centros de salud.

¿Austeridad en el gasto del régimen? No para los de la fiesta roja…

Los derruidos techos de las escuelas y el que la mayoría de centros escolares no haya recibido sus bonos es la cara visible de la incapacidad administrativa y del despilfarro. Y la solución lógica ---cortar gastos, incluido un impopular viaje a Medio Oriente--- no se pone en vigor, como tampoco se reduce la enorme cantidad de mantenidos por el erario, los zánganos de la colmena que es El Salvador.

Hace un par de días los médicos del Hospital Rosales se quejaron públicamente de la falta de medicinas, pese a lo que ofreció Sánchez Cerén en una visita al nosocomio. No hay suficientes medicinas como no hay vacunas, las que se dice que llegarán dentro de cuatro meses, lo que pone en grave riesgo a la población.

Pero, ¿bajar gastos? Ni hablar; que siga la fiesta roja…