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No sea la próxima legislatura un instrumento de saqueo

El Salvador se ha ido hundiendo en una forma de gobierno que mueve las cosas siguiendo el libreto marxista y no de acuerdo con las realidades imperantes en la región y el mundo. Y lo hace a través de votos amañados

Que la próxima Asamblea, de ganar los oficialistas, se convierta en un instrumento de saqueo y abuso, es el temor general, considerando la forma en que, hasta el momento, se ha ido desmantelando la institucionalidad, se persigue a la oposición y se coartan libertades esenciales.

Las señales no pueden ser más preocupantes. Los continuos viajes del mandatario y de sus principales asesores a Cuba, la negativa de llegar a algún entendimiento con el sector productivo, la incapacidad para poner en marcha el Puerto de La Unión y no rectificar el desastre del Sitramss, la inamovilidad frente al crimen organizado, no auguran nada positivo para el país.

El Salvador se ha ido hundiendo en una forma de gobierno que mueve las cosas siguiendo el libreto marxista y no de acuerdo con las realidades imperantes en la región y el mundo. Y lo hace a través de votos amañados.

El país ha ido perdiendo posiciones en las principales mediciones internacionales, desde reducción de la pobreza, competitividad, cuantía de la inversión foránea e interna y facilidad para hacer negocios. Y mientras aquí todo parece empeorar, en el resto de Centro-América han superado la crisis y están ocupando espacios que antes llenaban los salvadoreños.

En lo único que avanzamos es en peligrosidad, siendo ya el tercer país más violento de la Tierra. Y lo único que se les ocurre a los que capitanean el Estado es continuar con treguas cuando hay formas mucho más efectivas para combatir al crimen.

La otra señal aflictiva, gravísima, es la enormidad del endeudamiento y el nivel de despilfarro fiscal. Nunca fueron más altos los ingresos del sector público pero nunca fue más pobre la realización de obra material. La gran ocurrencia de Funes, que se continúa a falta de otras ocurrencias, son los repartos, que apenas "dan de comer un día para agregar al hambre del resto del mes...".

¿Llegarán avionetas a Venezuela a dejar caer sacos con comida?

El hambre puede sobrevenir por dos causas: el creciente desempleo, que golpea en todos los niveles sociales, como el plan del Ministerio de Agricultura —en manos de alguien que no es agricultor ni trabajó en una posición de importancia en el mundo real— de regimentar el agro a través de oficinas de controladores.

La idea es que este ejército de capataces ordenen a los agricultores lo que deben sembrar, cómo cosechar, bajo cuáles condiciones tienen que guardar sus cosechas, a quiénes venderlas... y la compensación son los repartos de semillas, que sirven para labriegos de pequeña escala pero que en nada promueven la producción a gran escala de alimentos, la única capaz de alimentar a centros urbanos de demanda masiva.

Y la más triste demostración del fracaso de esa clase de imposición lo da Venezuela, que está quedándose sin alimentos y que no tiene el dinero ni la solvencia crediticia para importarlos de otros países.

Lo probable es que los venezolanos sufran la humillación de ser asistidos por programas de emergencia como los que han sido un fracaso en África.

Avionetas dejando caer bolsas de alimentos sobre masas humanas que se abalanzan en una garduña muy dolorosa de presenciar.

Claro que no todo es gris y triste. Hay un funesto sinvergüenza que vive en una mansión costeada con fondos públicos, mientras otro se beneficia de turbias parcelaciones en Nuevo Cuscatlán...