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Sánchez C. ofrece a mexicanos un clima propicio para invertir

Las palabras de Sánchez Cerén a los mexicanos despiertan una medida de optimismo, de que se haya llegado a un punto de inflexión, de mayor realismo, para revertir lo que aflige a todos y que, de no rectificar, es una ruta al desastre

a voluntad del gobierno salvadoreño de apoyar inversiones en energía, turismo, alimentos y otras áreas productivas, afirmó el Presidente Sánchez Cerén a representantes del sector productivo mexicano, en la misión oficial que visitó a México la semana pasada.

Es evidente que la inversión, tanto foránea como local, necesita de seguridades para realizarse, de que haya reglas claras, compresión a las necesidades y los problemas de los productores, una comunicación permanente entre ambas partes, facilitar la creación de empresas y, por lo mismo, de fuentes de trabajo, como seguridad física y claridad en las políticas públicas tanto a corto como a largo plazo.

El discurso amistoso a los potenciales inversionistas mexicanos, por desgracia, contrasta con la actitud hostil y persecutoria a los productores salvadoreños de los últimos tiempos, en especial a partir del calamitoso régimen de Funes, que se marcó por el permanente enfrentamiento con las fuerzas vivas del país, con la oposición política, con los líderes de la opinión pública, con instituciones y sectores.

El grave resultado de esos años es la desmoralización general, corrupción casi sin control, y niveles de violencia de espanto. El país se encuentra en una situación económica precaria, en la que todos los índices de medición internacional, desde facilidad para hacer negocios hasta el crédito nacional, han bajado.

El Salvador perdió su grado de inversión hace ya un rato, lo que afecta la posibilidad de seguir logrando financiamientos.

Lo que el gobierno tiene que comprender, aceptar, es que son totalmente contradictorias las condiciones que favorecen el desarrollo y por tanto la prosperidad, si se empobrece al país y esquilma a los productores locales, así como con los despilfarros y el discurso del "cambio profundo".

En el mundo globalizado actual, la información corre a la velocidad de la luz y nadie que contempla invertir fuera de su ciudad o de su país lo hace sin informarse de manera exhaustiva, sobre las condiciones que privan en un lugar que pueda interesarle o que le tratan de vender. Lo que se dijo en México es alentador y debe ser la ruta por seguir.

Es tarea de todos los sectores recuperar el liderazgo del país

El potencial inversionista averigua lo que es la diferencia entre la promesa y la realidad, del trato que se da a otros en similares condiciones, de lo que se puede esperar. Todo potencial inversionista averigua en la Internet datos de fuentes confiables sobre las condiciones de una país las que, en el caso de El Salvador, hasta el momento, son muy desalentadoras.

Todo inversionista sabe diferenciar entre economías estables y en crecimiento, de estados de alto riesgo y potencial colapso financiero, como sucede en El Salvador con el desaforado endeudamiento en que hemos ido hundiéndonos. No es posible incrementar en más de treinta mil plazas la burocracia, una masa parasitaria enorme, ni poner en manos de incapaces la administración pública, sin que se produzcan efectos indeseables, como está sucediendo en El Salvador.

Las palabras de Sánchez Cerén a los mexicanos despiertan una medida de optimismo, de que se haya llegado a un punto de inflexión, de mayor realismo, para revertir lo que aflige a todos y que, de no rectificar, es una ruta al desastre.

Recuperar la buena marcha, volver a colocar a El Salvador en una posición de liderazgo, es tarea que involucra a todos.