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El Salvador: un primer lugar en asesinatos de niños y jóvenes

Si durante la guerra la guerrilla reclutaba niños para usarlos como carne de cañón, niños que literalmente morían como moscas, no es de esperarse que la suerte de los niños de hoy ocupe una prioridad

Hemos vuelto a alcanzar un primer puesto mundial, sin duda debido a la efectiva gestión del pasado y actual regímenes: El Salvador es el país donde más niños son asesinados, más que en otros del Medio Oriente, que en Honduras y Venezuela, que en África.

Los niños en esta ensangrentada tierra mueren por estar en barriadas violentas, porque uno de sus hermanos o familiares pertenece a una mara y los de otra mara llegan a exterminar a su familia, porque no hay seguridad en las escuelas, porque el padrastro llegó borracho y la emprendió contra el más indefenso de la casa. Los niños mueren sin que eso desvele a las autoridades, a los diputados de izquierda, a quienes desempeñan funciones de seguridad en el gabinete. Si durante la guerra la guerrilla reclutaba niños para usarlos como carne de cañón, niños que literalmente morían como moscas, no es de esperarse que la suerte de los niños de hoy ocupe una prioridad.

Y es que, además, los niños en este suelo son los beneficiarios de programas de gran sensiblería social, como la gran ocurrencia que tuvo Funes de repartir zapatos y uniformes y no de ocuparse de las escuelas, de la seguridad de los niños y su salud y del honesto manejo de recursos.

Huyendo de esa violencia es que decenas de miles de niños hicieron el infernal viaje a Estados Unidos, de donde los están devolviendo. Y vaya situación a la que regresan: a centros escolares con instalaciones ruinosas, sin dinero para terminar el año, sin servicios sanitarios que sean sanitarios, a escuelas donde las pandillas se entrometen para definir lo qué se enseña y a quiénes se enseña.

De gran pensada en gran pensada rumbo al desastre humano

A eso hay que agregar los lavados de cerebro a que someten a los estudiantes en este país, comenzando por la permanente prédica del odio.

Ah, se nos quedaba algo muy importante: para que los niños reciban las herramientas para desenvolverse en el mundo actual, les están enseñando náhuatl. Nada de inglés o chino, sino náhuatl, para que puedan decir en esa lengua "caite", o "milpa" o "tapesco".

Lo primordial, en todo caso, es que no los maten, que se formulen planes para reducir la violencia, acabar con las extorsiones y recomponer las comunidades.

Hasta el momento se ha ido de gran pensada en gran pensada, en buena parte debido a que se deja en manos de quienes no tienen idea de cómo combatir a un enemigo feroz inserto en el cuerpo social como una enfermedad maligna, que está causando espantosos estragos.

Y, de nuevo, los niños son las víctimas, sea por quedar en la orfandad, desprotegidos cuando uno de sus padres es asesinado, sea por ser ellos los muertos y hasta descuartizados. Y, para colmo, la otra forma de asesinato de inocentes, el aborto, se pretende legalizar a través de campañas infames.

Es rara la sociedad que no castigue con todo rigor el infanticidio, pues es la variante más vil del asesinato, al ensañarse contra criaturas en total indefensión.

Lo que choca con la terrible realidad de absoluciones o sobreseimientos de sicópatas que han asesinado a niños o victimizado a familias y, por consiguiente, dañado a niños.

¡Otro primer puesto que se suma al de ser el país con su economía en pleno retroceso...!