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La salida macabra: transar para no enfrentar el crimen

Las víctimas son los asesinados y son los deudos, pero también somos los salvadoreños de buen corazón, los que nos espantamos de los extremos a los que el país ha llegado por la incompetencia y en cierta manera la complicidad de un régimen y un part

Más y más jóvenes y niños están siendo asesinados por las pandillas al extremo de que El Salvador, bajo la presidencia Funes, llegó al primer lugar del mundo en esas tragedias.

El régimen optó por aquello de que "si no puedes vencerlos, únete a ellos" (if you can't beat them, join them), lográndose ese acuerdo con traslados ilegales de cabecillas a cárceles de menor seguridad, con dinero, prebendas, permisos, prostitutas, televisores plasma y Dios sabe qué otros beneficios, como declararon en la Fiscalía ex-altos funcionarios del Gabinete de Seguridad en grabaciones filtradas en la web y según lo dieron a conocer diputados de ARENA.

El costo de "no combatir sino concordar" lo están pagando los jóvenes y personas inocentes. La lista de asesinados es conmovedora, toca el alma, como día a día se recoge de noticias y de lo que la gente mira y oye.

He aquí algunos de estos hechos que enlutan a familias y vecindarios:

Bryan de Jesús Cisneros (20 años), asesinado el cuatro de enero en una pupusería de Mejicanos. El joven vivió en esa zona y el día de su muerte estaba visitando el lugar;

Cristian Alexánder G. (16 años) y su hermana Margarita Yamileth (17 años), asesinados el 5 de enero en un autobús que transportaba feligreses de la iglesia Elim, cuando unos pandilleros abordaron la unidad en la colonia San Leonardo, Apopa, y dispararon al azar. Los hermanos se dirigían a un culto en la colonia Santa Lucía;

Ricardo Danilo López (19 años) y Daniel Eduardo G. (17 años), raptados el 3 de enero y encontrados muertos el cinco de enero. Ocho hombres vestidos con ropa similar a la de los policías los llegaron a sacar a sus casas un viernes. Sus vecinos aseguran que los jóvenes no eran pandilleros;

Darwin Franklyn Ramírez (24 años), asesinado el seis de enero. Darwin trabajaba como cobrador y fue asesinado junto a su hermano Manuel de Jesús Carpio Ramírez cuando hacían el primer recorrido de bus en el cantón El Paraíso, en San Pedro Perulapán. Manuel de Jesús tenía más de 10 años de trabajo en la empresa y ayudó a su hermano a conseguir trabajo en la ruta.

Roberto Carlos Arévalo (22 años) y su hermano Ignacio Alonso Rodríguez Arévalo (21), asesinados el 21 de enero junto a su madre y hermana en el cantón Falla, Jujutla, Ahuachapán. En la zona opera la pandilla 18 pero la Policía negó que ellos pertenecieran a estos grupos.

Incompetencia, complicidad, falta de ideas, nada de voluntad para la lucha

Cada una de esas muertes, pavorosos crímenes, deja dolorosas e imborrables heridas en el alma de familiares, amigos, vecinos, personas que se conmueven por esas tragedias. Las profundas heridas de dolor, el recuerdo del hallazgo de los cuerpos de las víctimas, las memorias de momentos felices que se vivieron con los desaparecidos, quedan para siempre.

Las víctimas son los asesinados y son los deudos, pero también somos los salvadoreños de buen corazón, los que nos espantamos de los extremos a los que el país ha llegado por la incompetencia y en cierta manera la complicidad de un régimen y un partido político (que en su momento perpetró iguales crímenes) y a quienes les falta el aliento, las ideas y la voluntad para socorrer y defender a un pueblo machacado diariamente por la delincuencia.