Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Sabeen, una nueva mártir de la libertad de expresión

De hecho las dictaduras siempre se oponen a los cambios en la visión artística de su época, como se oponen a la crítica, pues todo les infunde temor, el temor de que la gente piense por sí misma...

Sabeen Mahmud, una joven pakistaní dueña de un pequeño café literario donde se celebraban mesas redondas, se discutía sobre libros y tecnología, trataban temas de derechos humanos y la condición de la mujer en su país, fue asesinada a tiros, un hecho que siempre amenaza a quienes se abren al modernismo en las sociedades fanatizadas del Islam.

La joven Sabeen, se nos dice, introdujo en sus círculos la música de Jimi Hendrix, el uso de colores sicodélicos en la decoración, el arte callejero y el papel de las mujeres que se inician en negocios independientes.

Pero en Pakistán, como en prácticamente todos los países musulmanes, la libertad de expresión y el concepto de mujeres liberadas choca con las tradiciones y con las petrificadas costumbres de ciertos grupos, de los que obligan a sus mujeres a cubrirse de la cabeza a los pies, a llevar velos y en muchos lugares a taparse la cara.

Exponer ideas, debatir sobre política, criticar, presentar alternativas al curso que lleve una nación o negarse a ser parte del corifeo de alabanzas a dictaduras y bandas de poder, irrita a esos verdugos e incomoda grandemente a los que están muy a gusto encerrados en sus celdas mentales.

El caso de la infortunada Sabeen, la última mártir de la libertad de expresión, pone de relieve un hecho: al lado de cualesquieras posturas políticas que ella asumiera, su más importante aporte a la sociedad de Pakistán era en ideas y realizaciones relacionadas con arte, moda, cine, música... era insuflar humor, colorido y alegría en un pueblo abrumado por supersticiones y de centenarias estupideces.

Lo que más temen y combaten es que la gente piense

Sabeen tuvo a su favor una enorme ventaja: a diferencia de previos tiempos, la información viaja a la velocidad de la luz, lo que pone al alcance de personas y grupos sociales lo que sucede en otras latitudes, desde cambios en la moda hasta innovaciones tecnológicas de enorme importancia e impacto. Pero siempre son necesarias las comadronas, los personajes que interpreten esos sucesos y puedan presentarlos en su significado y dimensión a las sociedades donde viven y trabajan. Y ese era el papel de la joven Sabeen: conocer lo que estaba sucediendo en Berlín, en París, en Los Ángeles y en Tokio, entenderlo en sus fundamentos para luego, dentro de sus capacidades, exponerlo a los inquietos jóvenes de su círculo.

Ese papel lo juega el cine como lo asumen también las exposiciones itinerantes de pintura y de fotografías, al igual que los conferenciantes y la Internet al exhibir documentales de modas, mostrar cómo nuevas obras arquitectónicas cambian la atmósfera de grandes ciudades (como es el caso del museo Guggenheim, en Bilbao), o repetir una y otra vez imágenes de la Ópera de Sidney, que pone a muchísima gente en el mundo a pensar.

Y de allí la vital importancia que tiene la libertad de expresión, pues además de lo local y lo relacionado con política y sucesos internos, es lo que abre los ojos a lo que de interesante y sugerente está pasando en otras latitudes. De hecho las dictaduras siempre se oponen a los cambios en la visión artística de su época, como se oponen a la crítica, pues todo les infunde temor, el temor de que la gente piense por sí misma...