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Redondísimo para los rojos, tremenda carga para el resto

El desarrollo y la prosperidad no son resultado de donativos, préstamos blandos y manipulaciones financieras, sino de producción eficiente, de un alto grado de competitividad

El negocio con Petrocaribe, como dijo un prominente miembro efemelenista, "es redondo", estupendo: se pacta el suministro de petróleo con el régimen venezolano, se paga una parte al contado y se deja, para los siguientes veinte años, el pago de la otra parte. Hay que pagarlo pero "no es deuda", un difícil planteamiento dialéctico que no acabamos de comprender.

Más redondo, efectivamente, no puede ser: los que manejan Alba disponen del dinero que obtienen con la venta de los carburantes a precios de mercado, dinero contante y sonante pues los transportistas pagan al contado, dólar sobre dólar. Los que manejan esos carburantes pagan una parte a los proveedores (el régimen de Maduro), usan a su antojo la otra parte y queda, para los salvadoreños, pagar el resto.

"Yo usufructo de esas ganancias instantáneas y ustedes, pobladores, pagan la deuda (o donativo o como se le quiera llamar) por los próximos veinte años".

Esto equivale a que ellos obtengan una tarjeta de crédito, la topen en gastos personales o de grupo, y quede para los vecinos, los amigos, la comunidad, el pueblo o la República, pagarla.

Negocio redondo, en efecto, pero para los que gastan, no para los que luego tienen que pagar.

Para disfrazar eso de la deuda --pero al disfrazarla la maniobra queda en mayor evidencia--, se dice que en el futuro los pagos se pueden hacer con productos agrícolas o bienes fabricados en el país, seguramente pensando en papel higiénico, toallas sanitarias y ataúdes, lo que más está haciendo falta en la República Bolivariana además de los alimentos, la corriente eléctrica y el agua.

¿Pero acaso no tienen valor esos frijoles y fanegas de maíz y quesos y artículos de uso y utensilios que se estarían enviando a Venezuela para cubrir el donativo que no es deuda pero que debe pagarse como si lo fuera?

No se prospera a base de donativos, sino mediante esfuerzos

Poniendo un hipotético caso, si los cubanos le pagan a Venezuela por el petróleo confiscando las cosechas de pequeños agricultores y confiscando bienes elaborados por artesanos, ¿es que esos bienes no tienen valor y no les cuesta trabajo y recursos a los cubanos, como les costaría a los salvadoreños?

¿O es que tendríamos que pensar que lo que cada persona haga en este país pertenece al régimen y, por tanto, puede usarse para corresponder a lo que antes se envió?

Pero en todo caso, aunque se trate de la labor y el fruto de súbditos de un régimen, esos pagos por la deuda que no es deuda se restan al consumo y al bienestar de la población en general.

El petróleo prodigado por Venezuela hace posible --por lo que puede ver quien abra los ojos--, que alcaldes de la periferia y sus familiares cercanos, pero que son parte del engranaje de la hermandad con Venezuela, pasaron del pick up y los autobuses, a camionetas todo terreno para ellos, además de mudarse a muy agradables residencias.

Negocio redondo es para los que reciben, aunque negocio discutible o más bien pésimo, para quienes luego tendrán que pagar, que son los habitantes todos.

Lo que debe entenderse es que el desarrollo y la prosperidad no son resultado de donativos, préstamos blandos y manipulaciones financieras, sino de producción eficiente, de un alto grado de competitividad, de prudencia en el gasto.