Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Quieren su dignidad y su bienestar pero ¿quién paga la factura?

Lo esencial para que el país no se hunda en la bancarrota es que el gobierno corte gastos a profundidad y reduzca la burocracia parasitaria que ha montado sobre las espaldas de la gente

Con la bandera de "no a la austeridad y no al chantaje", el partido Syriza que dirige Alexis Tsipras se hizo con el poder en Grecia, despertando una enorme ola de entusiasmo ya que, por fin, el país iba a recuperar su dignidad y, gracias a esa voluntad, salir del espantoso atolladero al que previos regímenes socialistas lo llevaron.

Pero de inmediato la Comunidad Europea dijo a los griegos que debían honrar sus compromisos, pagar sus deudas, ordenar su economía.

Y, quiérase o no, un país que está en virtual bancarrota no tiene más salida que vivir de sus ingresos, una forma de austeridad, como sucede a personas que "han topado la tarjeta" y deben saldar las cuentas.

Las medidas impuestas a Grecia cumplen esa función, pero arrastran el veneno de impuestos draconianos que se les exige decretar, exacciones que ahogan a los griegos y es la desgracia de los españoles, a quienes el gobierno de Rajoy está desollando vivos con algunos de los más altos impuestos del continente.

El peor remedio que puede recetarse a países en quiebra, en recesión, es elevar impuestos, como por desgracia lo viene haciendo el FMLN en El Salvador: en momentos en que la gente sufre de altos precios, hay desempleo, se ha incrementado la pobreza y el sector productivo hace lo posible por mantenerse, se pretende subir el IVA, lo que equivale a sangrar al enfermo.

Lo esencial para que el país no se hunda en la bancarrota es que el gobierno corte gastos a profundidad y reduzca la burocracia parasitaria que ha montado sobre las espaldas de la gente.

La forma más efectiva de recomponer pueblos en recesión o bancarrota, como lo están Grecia y Portugal, es bajar impuestos, hacer que la gente tenga más dinero para invertirlo o gastarlo. Fue así como Kennedy y Reagan recuperaron la economía de EE.UU. después de una crisis.

Y esa fórmula debe aplicarse no sólo a Grecia, sino también a toda nación devastada y endeudada.

La única formula para recomponerse es trabajar duro y en libertad

Pero ninguna nación europea sufre el estado de postración, ruina total, desesperanza, como se encontró Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Para quienes vieron sus ciudades literalmente en el suelo, convertidas en escombros, nada de lo actual les asusta.

Y la fórmula que sacó adelante al país no fue la austeridad extrema, pues la guerra la impuso, ni los altos impuestos, porque no había manera de pagarlos. A gente que comía sólo pan y agua, se les dejó en libertad para invertir y gastar lo que podían, sin "gasto social" ni inútiles burocracias. El país no tuvo presiones sindicales; la fórmula ganadora fue la economía de mercado.

Los alemanes reconstruyeron sus ciudades recogiendo, en un principio, los ladrillos que encontraban entre las ruinas.

El problema de los griegos, azuzados por su Tsipras, es creer que en alguna manera alguien va a pagar sus deudas, que seguirán cobrando generosas pensiones, que podrán pasarla sin trabajar valiéndose de subsidios.

En estos momentos el nuevo gobierno griego se devana los sesos tratando de inventar maneras para que otros se hagan cargo de sus despilfarros previos. Allí andarán mendigando en todas las cancillerías del continente y en los emiratos árabes, que se dice compraron hasta el Partenón, que es igual que vender el alma.