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Quieren ahorcar al mensajero: a ti, tuitero y feisbuquero

Los rojos en esta tierra están aplicando la táctica del tornillo: cada día se inventan algo para controlar, perseguir, amedrentar y callar a la gente, inclusive a través de masivas campañas pagadas con dineros de los salvadoreños.    

No cesan los rojos en sus intentos por amordazar, perseguir y encarcelar por delitos “contra el honor” o “la intimidad”, lo que se presta para valerse de interpretaciones antojadizas y en todo caso lo que alguien por sí y ante sí califica como lesivo, para meter en la cárcel a opositores o quienes revelen actos de corrupción o conspiraciones.

La propuesta roja es el clásico “cortar la cabeza del mensajero”, siendo los mensajeros los que retransmitan un tuit, un artículo, una foto, un comentario.

Y retransmitir noticias, lo que se dice de sucesos, lo que otros ven y atestiguan, es una de las funciones esenciales del periodismo, que recoge información de incontables fuentes, personas, gobiernos, entidades y grupos, para hacerlo saber a la colectividad.

La diferencia está en que un medio de difusión se esfuerza por verificar lo que otros dicen, mientras un usuario de tuiter o quien se suscribe a Facebook, simplemente retransmiten, como las comadronas de pueblos y barriadas esparcen a los cuatro vientos sus chismes o lo que vieron y oyeron, sin cambiar nada importante del mundo.

Es además el caso de que unos no sólo pueden difamar, insultar y desinformar como “política de partido” o menester de “el Estado”, pero otros por decires menores se exponen a que los encarcelen y una vez dentro de las mazmorras los sometan a los peores vejámenes, como sucedió al expresidente Flores.
 

Dando vueltas al tornillo
de la represión y las mordazas
 

 El partido en el poder, a causa de la grave confusión que sufre sobre ética y moral básica, no logra entender que acusar de “explotador” u “oligarca” sin fundamento, visceralmente --y sí que las vísceras son lo que mueve a la izquierda-- es una difamación y además una incitación a la violencia y al despojo.

Y lo es porque les hacen creer a sus pobres bases que sus pobrezas y penas son culpa de otros, en este caso de los sectores de trabajo de un país, de los que con algún grado de eficiencia son los que suministran alimentos, vestimenta, servicios, vivienda, transporte, entretenimiento y una medida de protección a la gente.

Ya hubo, hace muchos años en El Salvador, un desgobierno que se convirtió en el hazmerreír general al declarar que se prohibía rumorear. La ocurrencia se desplomó, como la gente espera que se desplome la actual ocurrencia roja, porque habría sido necesario aporrear y meter en la cárcel a casi todos los pobladores.

Hay que admitir que esos candados en la  boca y las plumas se han aplicado a lo largo de la historia, descuartizando, quemando vivos y hundiendo en mazmorras a los que osaban hablar contra el tirano o el secretario general del partido comunista, el camarada Stalin, que se despachó a cuarenta millones de hombres, mujeres y niños por lenguones o rebeldes.

Los rojos en esta tierra están aplicando la táctica del tornillo: cada día se inventan algo para controlar, perseguir, amedrentar y callar a la gente, inclusive a través de masivas campañas pagadas con dineros de los salvadoreños, para cantar sus loas a la gran, grandísima obra que llevan a cabo en beneficio de “el pueblo”, aunque Probidad de la Corte está ayudando a aclarar quiénes son ese “pueblo”, los de los cuatro por cuatro y los enriquecidos de la noche a la mañana.