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¿Quiénes son los grandes morosos en esta tierra salvadoreña?

Lo grave es la morosidad en la calidad, oportunidad y eficiencia de los servicios públicos, que abarca desde el desabastecimiento de medicinas (como las vacunas para infantes o los hemofílicos) hasta el desastre del Sitramss

Los del régimen tienen un macabro sentido del humor: por una parte fijan plazos perentorios a quienes deben dinero al fisco so pena de exhibirlos públicamente (los castigos infamantes de los que habla la Constitución), mientras por la otra no pagan a sus proveedores, a los talleres que elaboraron los uniformes, a quienes les alquilan locales, a las AFP…

Pero hay más. Los del régimen, tan regañones con sus súbditos, han comprometido al país en varios billones de dólares, una enorme deuda que desde luego no van a pagar ellos, sino los salvadoreños todos, sus hijos, nietos y biznietos.

Alegremente el esquema es "endeudémonos hoy para nuestra gran fiesta, viajes y etcéteras" y pague después la población esa deuda. Y allí siguen viajando aunque viajen como valijas, que pasan por París o Palestina, Gaza, pero ni París ni Palestina pasan por ellos sin provecho alguno para el país.

Los viajes, las fiestas y las deudas a los talleres son, por desgracia, lo menos de la morosidad.

Lo grave es la morosidad en la calidad, oportunidad y eficiencia de los servicios públicos, que abarca desde el desabastecimiento de medicinas (como las vacunas para infantes o los hemofílicos) hasta el desastre del Sitramss que, a varios meses de ponerse en marcha, ya tiene deterioradas la vías, las señales y las calles adyacentes a su recorrido.

Es morosidad lo que falta a Salud para terminar el año, los techos casi inservibles de las escuelas, la falta de inversión en los sistemas de agua, la red de alcantarillados deteriorada que urge renovar.

Lo normal es que la política fiscal sirva para recaudar pero sin dañar la capacidad de generar riqueza; si ahora muchos se atrasan es por no poder ajustar sus flujos de caja a los calendarios fiscales, o verse en la terrible posición de descapitalizar sus fábricas o actividades, exponiéndose a ir a la quiebra y dejar a muchos sin sus empleos.

Lo que el Fisco persigue, sabiéndolo o no sabiéndolo, es el capital de crecimiento, de inversión, capital que genera empleo y desarrollo.

El aumento en el gasto inútil amenaza la solvencia nacional

Nunca antes, al menos en términos absolutos, se recaudó más dinero que en los cinco años del previo régimen y lo que va del actual, lo cual demuestra que, pese a la exacción fiscal, la mayoría está pagando.

Pero nunca antes se dio el caso de que un gobierno incrementara la burocracia, de golpe y porrazo, en treinta mil plazas, a las que se deben agregar otros muchos miles de contrataciones, todo sin que se necesite fuera de dar ingresos a correligionarios, parentelas y amigatelas, los que vienen a ser como los zánganos de una colmena.

Y eso se da siempre que los rojos llegan a una alcaldía o a cualquier institución pública: inflan el personal y, además, echan a la calle a quienes no comulgan con ellos; de allí que haya miembros del partido que usan los empleos públicos para colocar a sus parentelas.

Y la Alcaldía de San Salvador fue el triste ejemplo de esto, en los años que tuvieron a la ciudad convertida en basurero y prostíbulo, además de comprar flotillas de vehículos que yacen inservibles sin haber dado mayor utilidad.

La nueva presión equivale a obligar al carpintero a vender sus herramientas, para que pague al prestamista del barrio, empobreciendo la comunidad.