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Quienes amamos a El Salvador queremos que salga adelante…

Reconstruir es tarea de todos, pero sólo se puede reconstruir cuando se comparten limpios propósitos y esperanzas, cuando una sociedad acata principios morales y la vida honesta

"Cuando en el país se percibe inestabilidad política, social e inseguridad física y patrimonial, simplemente no hay inversión, no hay desarrollo y el futuro está secuestrado. Nadie le apuesta a un proyecto que, a todas luces, fracasará…", dijo el ingeniero Arturo Zablah, de Industrias Capri, al recibir el Premio ASI 2014, hace dos semanas.

En esa misma ocasión fueron galardonados doña Celina de Kriete, como Empresario Benefactor y, don Hugo Tona, como Empresario Emprendedor.

"Pero, ¿cómo lograr más inversión, cómo conseguir que realmente las buenas intenciones se conviertan en proyectos, los proyectos en inversiones, éstas en realidad y la realidad en empleos, crecimiento y desarrollo?", se preguntó en su excelente discurso, al destacar que mucha gente y muchos emprendedores aman a El Salvador y harán lo que esté a su alcance para detener la caída en que se encuentra.

Una persona puede estar animada de los mejores propósitos y dispuesta a apostar por el país invirtiendo, pero al no existir las condiciones apropiadas y al chocar con un muro de intransigencia y hostilidad, ese esfuerzo se pierde como también se pierde un patrimonio que, en otras y superiores circunstancias, habría dado abundante fruto.

Para retomar la marcha perdida durante el régimen anterior, el ingeniero Zablah enumera las condiciones esenciales que se deben implantar:

--La primera, incrementar y abaratar la disponibilidad de energía, cuyos costos cargan ahora sobre la producción, volviéndola menos competitiva respecto al resto de los países centroamericanos. Y como venimos señalando desde hace años, la voracidad estatal ha paralizado la explotación de una fuente renovable y no contaminante, la geotermia;

--la segunda, mejorar la infraestructura pública, no sólo de los transportes urbanos (y allí señala el fracaso y desorden generado por el Sitramss) sino también el abandono del Puerto de La Unión y del Aeropuerto, esto, agregamos nosotros, mientras los otros países centroamericanos han ido mejorando lo suyo;

--la tercera es revisar y reducir drásticamente la tramitología, que es una señal, apuntamos nosotros, de la incapacidad administrativa de un Estado que no puede introducir la eficiencia como norma de sus funciones;

--la cuarta, la seguridad física y jurídica, más y más ausentes en esta tierra que, durante el último quinquenio, se transformó en el segundo de los países más violentos e inseguros del mundo. Frente a este horror los meneos sobre seguridad y las declaraciones políticas no mejoran lo que se padece o empeoran la incertidumbre.

Reconstruir es sólo posible compartiendo limpios objetivos

Hay que recorrer los sucesos de la semana anterior para estremecerse con las espantosas tragedias que han ocurrido, como matar a dos hermanos por no pagar una extorsión.

Todos, comenzando por nuestras representaciones diplomáticas, como señala el ingeniero Zablah, debemos "vender" a El Salvador, promoverlo como un lugar propicio para invertir, pero al mismo tiempo se debe reconocer que, en las presentes circunstancias, esa "venta" es ardua, se choca con la incredulidad.

La población, en su mayor parte, sigue siendo laboriosa, bien dispuesta, amable, pero los bolsones de violencia, de odio de clases, de fanatismo, de corrupción y de incapacidad, oscurecen el futuro y ahuyentan a quienes antes habrían llegado con sus sueños a sembrar y cosechar.

Reconstruir es tarea de todos, pero sólo se puede reconstruir cuando se comparten limpios propósitos y esperanzas, cuando una sociedad acata principios morales y la vida honesta.