Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

"Que siga el exterminio, pero sin armas químicas"

La gente y las víctimas no cuentan. Lo único que vale son las alianzas, como la de rusos y chinos con iraníes, sirios y bandas terroristas.

Se puede exterminar a cien mil personas y seguir adelante con la carnicería, "siempre y cuando no se usen armas químicas…"

Se puede además convertir en escombros ciudades, aldeas, pueblos, iglesias cristianas, mezquitas y lo que fuera, pero siempre que, como decimos, no se usen armas químicas.

Es claro que los "gases asfixiantes" como el gas mostaza usado en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, al igual que los gases empleados por los nacional-socialistas de Hitler en los campos de exterminio, son armas y procedimientos abominables, lo que llevó a prohibirlos en las convenciones de la guerra.

Pero hecha esta salvedad, shiítas y sunnitas pueden seguir exterminándose, los refugiados continuar hacinados en sus campamentos, niños y adultos volados en pedazos, iglesias cristianas destruidas por ser lugares de culto de "infieles"… que siga la fiesta pues aparentemente el mundo no va a reaccionar.

Se ha detenido la intervención en Siria por naciones occidentales, lideradas principalmente por estadounidenses y franceses, porque Rusia logró que el régimen de Assad entregue sus armas químicas, lo que de por sí viene a ser una confesión tácita de que las tienen y las han empleado. Como si un grupo de mareros sea absuelto al entregar las armas con que perpetraron asesinatos sin nombre.

Es como si en el pasaje de una colonia dos hermanos se agarran a puñaladas, matan a otros miembros de su familia y descuartizan a la empleada, pero nadie interviene porque son "asuntos internos de la familia".

Nadie interviene en Cuba porque no hay derecho de entrometerse en asuntos propios "del pueblo cubano", o más bien, del campo de concentración cubano.

Muchos se han pronunciado por una intervención aérea en Siria, pero en igual manera, grupos sirios que están siendo victimizados, como los cristianos maronitas y los ortodoxos, temen que los bombardeos, que el régimen puede atribuir a naciones "cristianas" y por tanto hostiles "al Islam", desaten una persecución atroz, como esta ya sucediendo a todo lo largo y ancho del Medio Oriente.

En Egipto la minoría cristiana copta está bajo ataque; durante los recientes disturbios, los islamistas quemaron o destruyeron medio centenar de centros de culto. Y países en los que hubo una convivencia otras religiones --paradójicamente en Iraq, donde uno de los más cercanos e influyentes personajes en el entorno de Sadam Hussein era cristiano-- están hundiéndose en la intolerancia.

Se persigue y mata "al otro", sea quien sea…

No sólo cristianos están sujetos a la persecución, pues también budistas, judíos y creyentes de otras religiones, es exponen a ser masacrados.

Un caso muy reciente es el de una señora hindú cuyo relato sobre su escape de los talibanes se convirtió en una obra muy vendida que además se hizo película en Bollywood (los estudios cinematográficos de Bombay), Sushmita Bandhopadhya. Ella fue asesinada por los talibanes al volver a Afganistán y reunirse con su familia.

La señora Bandhopadhya había descrito en su libro la servidumbre a la que están sometidas las mujeres en Afganistán y sobre todo en las áreas bajo control de los talibanes, incluyendo la conocida prohibición de no poder salir a la calle a menos que sea acompañada por un miembro masculino de su familia.

La gente y las víctimas no cuentan. Lo único que vale son las alianzas, como la de rusos y chinos con iraníes, sirios y bandas terroristas.