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Lo que se pide a los colegios no se exige a las escuelas

Los procesos para acreditar la educación en el país son fundamentales para cumplir los objetivos de calidad, y esta debe incluir los centros educativos privados y los públicos.

Un número de universidades privadas está en proceso de acreditarse, lo que entre otras cosas evalúa las condiciones en que desarrolla sus labores, su disponibilidad de bibliotecas y laboratorios, las instalaciones físicas y la comodidad y seguridad para alumnos, empleados y personal docente.

Pero como es ya la regla en estos casos, lo que colegios, universidades y centros de enseñanza de cualquier naturaleza del sector privado cumplen en beneficio del país, no se exige a la Universidad de El Salvador ni a las escuelas públicas.

Los colegios, por su parte, indistintamente de si son centros parvularios o llegan hasta bachillerato, deben contar con la aprobación de sus aulas, su mobiliario, sus inodoros y servicios, sus techos y lo que exige el MINED, pero las escuelas pueden estar en situación de lipidia, con techos colapsados, sin suficientes pupitres, con servicios sanitarios nada sanitarios y pestilentes, con alumnos que no tienen dónde sentarse… pero eso no le quita el sueño a nadie en el gobierno.

Un colegio debe tener, como es natural, servicios sanitarios que funcionen, pero una escuela, como en el caso del centro escolar de Huizúcar, opera dejando "para después" resolver sus carencias.

Se asegura que más de cien colegios privados han tenido que cerrar por no cumplir con normas básicas que la mayoría de escuelas públicas no satisface. Y ha sido a causa de interpretaciones antojadizas que el desgobierno anterior usurpó la Obra Salesiana en Santa Ana, que era un magnífico ejemplo de labor de rescate y formación. Y tal cosa, además, sucedió al Hogar Adalberto Guirola, todo para sumarlo al show montado por el previo régimen para exponer su gran sensiblería social.

En esto la regla debe ser "o todos en la cama o todos en el suelo", pues aunque es necesario que los colegios ofrezcan buenas instalaciones a los padres de familia que pueden pagar la educación privada, se descuidan las escuelas públicas, dedicando recursos para programas ocurrencia como lo del vaso de leche y los zapatos, mientras las escuelas sufren de carencias básicas.

La competencia entre universidades

es el aliciente para superarse

El mayor desastre en educación superior es la UES, que está controlada por grupos extremistas que no rinden cuentas al Estado ni a la ciudadanía que paga los impuestos que la sostienen. La UES funge como lugar de retiro de militantes de izquierda.

La mejor acreditación es la competencia entre instituciones, lo que les obliga no sólo a cumplir bien con su cometido, sino también a esforzarse para ir calificando como un centro de estudios de prestigio tanto nacional como regional.

La manera más efectiva de acreditar universidades y centros superiores de enseñanza es hacerlo a través de entidades del exterior como lo llevó a cabo, en El Salvador, entre 2004 y 2008, un grupo de intelectuales presidido por el Dr. Héctor Lindo Fuentes, hijo del escritor, abogado, periodista y diplomático, Hugo Lindo, ya desaparecido, quien formó parte de la primera redacción de EL DIARIO DE HOY, hace tres cuartos de siglo.

La vieja UES, pese a sus deficiencias y limitaciones físicas, a no contar con bibliotecas adecuadas y a lo exiguo de sus presupuestos, formaba mejores profesionales y académicos que la actual UES, que devora ingentes cantidades de dinero público. Ser catedrático universitario, en aquellos años, era muy prestigioso, lo que llevó a académicos y profesionales de gran valía a incorporarse a la docencia.