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Lo que necesita el país es hacer valer la democracia

No se llega en un encuentro entre gobierno y representantes de los productores a pedir ni concesiones ni favores, sino a que se vuelva a la institucionalidad y de que haya la necesaria comunicación para bien de todos

Lo que la mayoría de salvadoreños anhela es vivir en democracia…

En los próximos días habrá reuniones entre representantes de los productores del país –y por productores debe entenderse desde los grandes fabricantes hasta las microempresas-- con personeros del nuevo gobierno. Y desde ahora se puede anticipar lo que los sectores de trabajo quieren: transparencia, equidad, reglas claras y seguridad jurídica, además de un efectivo combate al crimen organizado.

Los buenos gobiernos obedecen las leyes, como se espera de personas, grupos y sectores. Y es sólo cuando se busca el bien común, un estado social que "se mide y pesa" con cifras, como se puede calificar una gestión y lo que se puede esperar de ella.

ANEP y la Cámara de Comercio, al igual que otras gremiales, representan a decenas de miles de negocios, empresas y actividades, que a su vez son fuente de empleo e ingreso para varios millones de salvadoreños. No se trata de figuras imaginarias, sino de las realidades que se ven y oyen.

Fuera de las modestas cosechas que sostienen a las familias campesinas y pequeñas comunidades, lo que alimenta, viste, transporta, informa, alberga o cuida a la gente, incluyendo el funcionamiento y los programas asistenciales del régimen, es fruto de las actividades del sector productivo. En un país sin mayores recursos y estando Venezuela colapsada, la alternativa a una economía funcional es el desempleo, el estancamiento y el hambre. Y nadie decente y sensato quiere eso para El Salvador.

Las libertades y derechos esenciales, consignados en tratados y convenciones firmados por El Salvador, incluyendo la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, son de obligatorio cumplimiento y protección por todo y cualquier gobierno constituido en este país. No hay "nuevas justicias" por inventar e imponer, sin que eso nos coloque al margen del mundo civilizado.

Por Democracia se debe entender la permanente discusión y análisis de lo que afecta la vida, el trabajo y el futuro de la gente, lo que excluye forzar obligaciones dictatorialmente, como por desgracia ha venido sucediendo en grave menoscabo institucional y económico.

Nunca se discutió lo del Sitramss para evitar el desastre

Nadie puede desconocer el desasosiego, el temor y la inseguridad que se vive en este suelo desde que asumió el poder el actual régimen, lo que a su vez y en el transcurso de los meses, está menos capacitado para cumplir con sus deberes esenciales.

Ninguna libertad, ningún derecho se recibe por magnanimidad de un régimen, pues se trata de estados naturales, lo que corresponde a quienes viven en una democracia. Y en esto los interlocutores de parte del gobierno deben estar claros: no se llega en un encuentro entre gobierno y representantes de los productores a pedir ni concesiones ni favores, sino a que se vuelva a la institucionalidad y de que haya la necesaria comunicación para bien de todos.

La mentalidad hasta hoy prevaleciente, de insultar y acusar a los productores, debe superarse, volver a lo que hasta hace unos diez años fue normal en El Salvador, la relación cordial y oportuna entre gobernantes y gobernados.

El desastre del Sitramss, que está desquiciando la vida del Gran San Salvador, es la mejor demostración de lo imprescindible que es debatir y concordar los temas de importancia nacional. Nunca se consultó nada, nunca se plantearon alternativas, nunca inclusive se ha responsabilizado a nadie por el descalabro.