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Lo que natura non da, nombramiento non lo presta

Lograr crecimiento y eficiencia es sólo posible cuando se aplican, a cualquier cometido, métodos, experiencias y saberes decantados en el tiempo, que son los fundamentos de la buena administración

Para ser eficiente en el desempeño de una labor o responsabilidad se tiene que saber mucho en el campo en que alguien se desempeña, ser experto, por lo menos, en actividades relacionadas o tener una larga trayectoria como dirigente de sistemas productivos o de servicio.

Y lograr eficiencia en las distintas áreas del quehacer oficial, dijo el presidente Sánchez Cerén, es uno los objetivos de su gobierno, lo que significa aprovechar, en la mejor manera, los recursos de cada institución de gobierno, así como participar con sensatez en lo que se hace en el mundo de trabajo.

El propósito, sin embargo, no encaja con cierta parte de nombramientos ministeriales y de autónomas, pues aunque los designados contaran con las mejores credenciales cívicas y personales, difícilmente, poniendo un simple ejemplo, puede alguien que no conozca de alpinismo dirigir a grupos que se proponen escalar el Everest.

Y esos retos abundan en El Salvador: la corrupción, la violencia, las graves fallas en los servicios públicos, los despilfarros, la nula obra realizada.

No será un alcalde del interior quien tenga la trayectoria para participar en la formulación de políticas a nivel general, pues la dimensión del reto sobrepasa con mucho las credenciales que pueda tener en sus previos desempeños.

La incompatibilidad de la mayor parte de nombrados con los retos de sus cargos explica, en parte, el desastre del período que acaba de finalizar, como se puso en evidencia hasta hoy en la terrible ejecución del proyecto de Sitramss, que va de palo de ciego en palo de ciego, arruinando calles, causando enormes tranques, desarticulando la vida económica de la capital e imponiendo pérdidas de tiempo, de dinero y de energía a los capitalinos.

La mala praxis de funcionarios

la pagan todos los pobladores

La inoperancia del Puerto de La Unión y no llevar a cabo la ampliación del Aeropuerto Internacional son el epílogo del desgobierno previo, el primero del FMLN. Y esa herencia, de cuasi paralización de nuestra economía, va a pesar a lo largo del presente quinquenio.

No saber o entender es una forma de ceguera; la única forma de sobreponerse a las limitaciones de la inexperiencia y falta de idoneidad es que los nuevos funcionarios se armen de paciencia, acepten con tranquilidad sus limitaciones y traten de comprender las realidades que enfrentarán en el desempeño de sus cargos.

El mundo no se inventó ayer; lograr crecimiento y eficiencia es sólo posible cuando se aplican, a cualquier cometido, métodos, experiencias y saberes decantados en el tiempo, que son los fundamentos de la buena administración y el acertado uso de recursos. No hay mucho de nuevo por inventar aunque sí es posible innovar y renovar conocimientos, pero eso cae en la esfera de profesionales con grande y demostrada capacidad.

El que nuestro país haya descendido en todos los índices de buen gobierno comprueba que sufrimos de mala praxis; manosear instituciones, leyes y nombramientos acarrea perjuicios que tiene que pagar el conglomerado.

La mala praxis afecta a todas las áreas del quehacer humano. Hay mala praxis ministerial, presidencial, de sectas religiosas, de fabricantes… Por ello en el norte de Europa han enjuiciado a antiguos primeros ministros por el pésimo desempeño de su cargo, como se puede esperar que procesen al funcionario francés que mandó fabricar trenes que no caben en las estaciones…