Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Que no se desbarate la obra realizada por el alcalde Quijano

El alcalde Bukele puede tomar buenas ideas de ciudades que se administran con eficiencia, que son limpias y acogedoras, tienen ordenado su tráfico, cuidan a la población y se ocupan de que los servicios se rindan con oportunidad y eficiencia

Con su victoria para la alcaldía de San Salvador por un margen microscópico, surge el riesgo de lo ya visto en períodos previos: incapacidad de los comunistas para administrar, descuido de funciones esenciales como son la limpieza y los servicios a la gente, tolerancia al vicio y mantener con fondos municipales enjambres de activistas políticos.

Es de esperarse que el nuevo alcalde rechace las nefastas prácticas previas: el mal precedente de Héctor Silva a quien apenas se sentó en la silla edilicia lo mandaron a pactar negocios con una mafia canadiense, o las turbias compras de camioncitos chatarra y el desborde de basura y prostíbulos bajo la alcaldesa.

Esto que mencionamos plantea un reto tanto a ARENA como a Edwin Zamora: no pueden dejar sola a la ciudad, deben colaborar en las buenas obras y proyectos pero también estar alertas a malos manejos de los recursos municipales.

Zamora, como ARENA y el nuevo alcalde, deben defender lo logrado y las buenas obras realizadas por Norman Quijano y su equipo de personas dedicadas. Hay que mantener las calles principales libres de informales, continuar con el apoyo a manifestaciones culturales, sostener a los grupos cívicos que han ido surgiendo.

Pero siempre queda la opción preferencial de los rojos por abusar del poder, caer en el nepotismo, desviar recursos públicos a bolsillos privados. No se preste a ello el nuevo alcalde.

No pierdan ojo de lo que hagan los ediles comunistas

A esto se suma otro hecho: las presiones a empresas, familias, grupos y entidades, para que entreguen información confidencial sobre sus negocios, sus vidas, sus actividades, como el acoso montado al comercio de granos y a los agricultores. Todos, las nuevas autoridades como los salientes, deben estar vigilantes de que no se formen los grupos de espionaje y control en barrios y comunidades, como sucede en Cuba y en Venezuela. La gente normal no conspira, se abstiene de dañar a sus vecinos y se esfuerza por ocuparse de lo suyo y de su familia. Y, en estos momentos en que muchas comunidades y barriadas sufren del acoso de las pandillas y la extorsión, ganadores y perdedores en los comicios recientes deben luchar para devolver la paz y la seguridad a todos los capitalinos y a todos los salvadoreños.

ARENA, los partidos con vocación cívica como el PCN y el PDC y Edwin Zamora, son los que tienen que vigilar cada cosa que se hace, para impedir que se perjudique y se estorbe lo que lleva a cabo la gente que trabaja, rinde servicios, comercia, produce y genera el empleo de millones de salvadoreños.

El alcalde Bukele puede tomar buenas ideas de ciudades que se administran eficientemente, que son limpias y acogedoras, tienen ordenado su tráfico, cuidan a la población y se ocupan de que los servicios se rindan con oportunidad y con eficiencia. Dinero para esas tareas lo hay; todo es ocuparse de que no se desvíen recursos a lo que no tiene estrictamente que ver con las funciones municipales.

La gente de trabajo sostiene al régimen con los impuestos que paga.

Bien se dice que el precio de la libertad, y a esto agregaremos el precio del bienestar y del progreso, es la vigilancia eterna.

La buena gente de esta tierra debe actuar como los vigías en las costas amenazadas por piratas: nunca bajar la guardia.