Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Lo que buscan es forzar pérdidas a los transportistas

Lo que el público les vale a los rojos se mira y se palpa en los descomunales atascos que se sufren día a día en San Salvador, como en la destrucción que los cambios de ruta están causando a “calles alternas” no diseñadas para tráfico

El sistema de transporte público está viciado en sus entrañas, pues no hay forma de ordenarlo para que llene las necesidades de las partes que intervienen, principalmente las de los usuarios y que, además, proteja los intereses de los transportistas que invierten en las unidades y la infraestructura operativa.

Sobre el conjunto pesan el Sitramss y los objetivos de Alba, que manipula regulaciones, exigencias, tarifas y rutas con una sola finalidad: hacerse eventualmente con un monopolio del transporte, pensado para enriquecer a sus dueños.

En cuanto a la gente, que vea cómo hace, de igual manera que el Sitramss deja a la población y a los automovilistas arreglárselas como puedan, lo que es precisamente la característica de los regímenes totalitarios: la gente es la que tiene que acoplarse a las decisiones y ocurrencias de sus amos, no los amos los que van a pensar en los pobladores.
   
Los transportistas, de manera permanente, señalan un hecho contra el cual sus propuestas se estrellan: la negativa de Transporte --pensado como el conjunto de entidades que se relacionan con la industria-- a consultar, discutir, reformar y lo que para muchos es “dialogar”, sentarse a la mesa, plantear alternativas, buscar otras soluciones, intentar compaginar decorosamente las exigencias de todos, incluyendo las del público.

El punto de fricción, en estos momentos, es el sistema de pago electrónico, que parece --y posiblemente así sea--, estar diseñado para causar pérdidas a los transportistas.

Según Genaro Ramírez, presidente de AEAS, “...el sistema no perdurará porque el régimen está obligando, a través de la reforma a la Ley Transitoria de Estabilización de las Tarifas de Transporte de Pasajeros, que los titulares de líneas de buses o microbuses realicen negocios donde tendrían más pérdidas”.

No hay negocio en el mundo que resista pérdidas sin tregua, las que, en este caso, son impuestas por un ente estatal que busca, de tal forma, cargar los dados a favor de Alba, como cuando sacó al sistema financiero del pequeño crédito encareciendo sus operaciones a través de una ley.

¿De qué no serán capaces si partieron a la ciudad en dos?

Lo que el público les vale a los rojos se mira y se palpa en los descomunales atascos que se sufren día a día en San Salvador, como en la destrucción que los cambios de ruta están causando a “calles alternas” no diseñadas para tráfico pesado. El Sitramss partió a la ciudad en dos, alargando los recorridos de la gente y los automovilistas.

Si a todo esto se suma el deterioro de los vehículos privados, el gasto adicional en gasolina, la contaminación ambiental, lo que la gente pierde de tiempo yendo de un lugar a otro, medimos la irresponsabilidad y la falta de humanidad de los rojos, cuyo propósito es servirse del pueblo y no servir al pueblo.

En condiciones normales, en un país que no está cayendo en la locura, discutir, buscar asistencia exterior para dar forma a esquemas flexibles que se adapten a ese cambio permanente de la industria del transporte, ensayar arbitrajes es lo lógico.

Pero nada de eso se busca ni menos la opinión de los que sirven a la ciudad transportando. Machetudamente quieren imponer el cobro electrónico y establecer el pago y la cuantía de los subsidios, subsidios que todos pagamos, usemos o no usemos los buses.

No cuesta imaginar lo que sería un monopolio Alba-Transportes.