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No le puso el cascabel a quienes lo merecían

Los cinco años que están a punto de concluir se caracterizan por la caída del país, por la violencia, por la inseguridad. Pero asimismo son los años del cinismo, de la inmoralidad, de llegar a extremos de ruindad nunca antes vistos…

Es válido, cuando corresponde, "ponerle el cascabel al gato que amenaza", pero no a quienes generan trabajo y desarrollo para el país. Y creer que es una hazaña dar golpes a los productores —a quienes fabrican, venden, comercian, manejan, administran y compiten— es andar en los montes de Úbeda, creer que la luna es de queso, causar graves perjuicios a quienes alimentan, visten, albergan y dan empleo a los salvadoreños.

Las prioridades en la lista de males que pesan sobre nuestro país, prioridades que viene desatendiendo el desgobierno de Funes, las tiene claras la mayoría de salvadoreños: son la violencia, la corrupción, la incapacidad, el nepotismo, los despilfarros, la permanente francachela que, según muchos, se vive en el palacio real.

El fin de semana pasada, más de treinta y ocho personas fueron asesinadas, a lo que se suman los homicidios múltiples, las muertes de tío y sobrino, madre e hija, dos hermanos, hombres que iban juntos a su trabajo, custodios de un presidio. Cada una de esas muertes son tragedias de espanto para familias y comunidades, para niños que quedan en la orfandad, para el país entero.

Pero poner esos cascabeles no desvela a los del régimen que está para finalizar, mientras siga la fiesta…

La corrupción es otra de las lacras que siempre se mencionan al hablar de lo mal que andan las cosas en esta tierra o, como lo expresó el ahora presidente saliente cuando era candidato, a nadie le cuadra que un funcionario pase de casa alquilada a gran mansión, pues inclusive la ley no admite que los funcionarios reciban prebendas o regalos por lo que hacen o decidan.

Es claro que el tercer "gato" es la incapacidad, asignar en puestos públicos a personas no por lo que saben, por sus ejecutorias, por su capacidad como administradores, por su visión de problemas, sino por ser miembros de una secta a los que "hay que darles algo" o, como se dice desde hace tiempo, "ponerlos donde haya".

El cuarto gato es el despilfarro, "a borbotones", que está llevando a la insolvencia al país, como evidencia el enorme endeudamiento, deudas que no se usan para construir infraestructura o mejorar servicios, sino para el pago de salarios a activistas políticos.

Están para finalizar los años de la inmoralidad y el desastre

En este quinquenio de calamidades, la deuda creció, de un poco más del treinta y cinco por ciento del PIB, a casi setenta por ciento, deuda que tendrán que pagar todos los salvadoreños, sus hijos y sus nietos, deuda contraída para sostener los despilfarros y los nepotismos de la nueva clase, de sus capitostes, de los nombramientos de hijos, sobrinos, hermanos, amigas y favoritos del régimen.

En otros términos, "nosotros gastamos y tú pagas", pues inclusive la recaudación de impuestos, la más alta de la historia, no fue para brindar servicios y mejorar el bienestar de la población, sino para el sostenimiento de la nueva clase de voraces funcionarios y empleados nombrados a dedo.

Los cinco años que están a punto de concluir se caracterizan por la caída del país, por la violencia, por la inseguridad. Pero, asimismo, son los años del cinismo, de la inmoralidad, de llegar a extremos de ruindad nunca antes vistos…