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Ya le pusieron el ojo a tus remesas familiares

Los salvadoreños que envían remesas ya han pagado impuestos tanto federales como estatales, por lo que una nueva tributación se agregaría al sacrificio de sostener a sus familiares en el país

Un registro de las personas y familias que reciben remesas del exterior ha iniciado el Banco Central “con fines informativos” pero que, “conociéndolos”, apunta a una gran posibilidad: que le caigan encima de una porción de ese dinero con impuestos diversos o similares maniobras.

Puede ocurrir como con los ahorros de pensiones que los trabajadores y empleados acumulan en las AFP: el gobierno les obliga a comprar bonos y papeles estatales a un interés muy por debajo del mercado, o simplemente disponer de ese dinero bajo el argumento de que son recursos de “el pueblo”.

La realidad es que los rojos no cesan en sus planes de disponer a su antojo de esos ahorros. Y algo similar puede estar maquinándose con las remesas que llegan del exterior.

Quienes reciben remesas pueden tener una amarga sorpresa en cualquier momento.

Llevar registros de lo que ingresa a un país es una función pública válida, más cuando tales movimientos pueden utilizarse para blanquear dinero obtenido por medios ilícitos. Pero en el caso de las remesas, los bancos y entidades financieras en Estados Unidos que realizan las transferencias son un primer y muy efectivo control sobre el origen de tales fondos, ya que por ley deben reportar cuando las cifras no concuerdan con la posición económica del que pide el servicio.

Nadie llega a un banco con un saco lleno de dinero sin tener problemas al no justificar el origen de esos fondos.

A esto se suma otro hecho: los salvadoreños que envían remesas ya han pagado impuestos tanto federales como estatales, por lo que una nueva tributación se agregaría al sacrificio de sostener a sus familiares en el país. La disposición del Central se suma a la pirámide de costos que representa el envío de remesas.

Los bancos locales están muy atentos a transferencias fuertes y anotan los datos de las personas que reciben esos fondos, a lo que se agrega otro hecho: los grandes lavadores, los narcos y contrabandistas, se valen de otros métodos para mover sus sucios dineros. Es un asunto de andar tras las pajas en ojos de la gente común cuando a la vista del país entero se mueven individuos con grandes vigas de gafas.

Veinte nuevos impuestos y ninguna obra de significado 

El sofoco del oficialismo para desplumar a la ciudadanía es el peor síntoma. Hace menos de una semana se dispuso cobrar un impuesto, o sobrecargo, o como se le llame, a las encomiendas que se reciben, se trate de documentos en un sobre o un paquete de un salvadoreño a sus hijos en El Salvador.

Y bajo esta luz debe verse el salvaje incremento a las tarifas del agua: no es que los costos de suministrar agua se hayan quintuplicado, sino que el oficialismo recoge gran parte de ese ingreso adicional para sus despilfarros y el sostenimiento de la enorme masa de parásitos que forman su base política.

Se dice proverbialmente que nada aprende con más rapidez un burócrata y más un burócrata “socialista”, que el arte de desplumar, robar o confiscar lo ajeno. Y que eso se aplica en este país, lo indica el que en los últimos siete años se hayan decretado veinte nuevos impuestos sin que haya obra tangible fuera del reparto de zapatitos y bolsas de semilla.