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No pueden los países europeos tolerar una invasión musulmana

Europa está en su pleno derecho de defender su cultura, su cristianismo y su refinada civilización, de sectas que no sólo buscan destruirla sino que también se exterminen unos a otros

Conmueven profundamente los dramas de Siria, Iraq, de los refugiados y de las etnias perseguidas al igual que las comunidades cristianas.

Hay facetas en este drama de horror, como la de un grupo de sirios que llegó a la frontera húngara pero rehusó recibir atención médica de la Cruz Roja por tener un símbolo del cristianismo. Y en ello reside el grave problema que afronta la Comunidad Europea frente a las masas de fugitivos de Siria y del Medio Oriente: ¿se trata de grupos humanos dispuestos a integrarse a los países que los acojan, o son una futura quinta columna que puede desencadenar terrorismo y destrucción?

  Esta misma semana el cabecilla de Al Qaeda instó a los musulmanes que viven en Europa a efectuar actos de terrorismo, una amenaza que apunta como uno de sus objetivos al Vaticano.

 Las comunidades musulmanas en Alemania y otros países de Europa rehúsan integrarse, apenas hablan la lengua de esas naciones, mantienen en sumisión a sus mujeres, cubriéndolas de pies a cabeza y, frecuentemente, cometen fechorías.

 Hay ciudades en Alemania casi tomadas por los musulmanes, como Fráncfort,  en las que la separación entre los sectores musulmanes, desordenados y sórdidos, con la limpieza de la parte alemana, son un dramático contraste y una advertencia.

 Fue de una de esas comunidades que salió el grupo de enloquecidos que perpetraron el ataque contra las Torres Gemelas de Nueva York...

Muchos se preguntan si será posible que la guerra en Siria llegue a un término, o si, en cambio, va a convertirse en una “Guerra de los  Cien Años” como la que asoló a media Europa desde 1337 hasta 1453.

 La conflagración en Siria fue desencadenada por el déspota Assad, que para mantenerse en el poder inició una destrucción a gran escala de las ciudades más importantes del país y al hacerlo sentó las condiciones para el ISIS, la banda más brutal que se ha visto en la historia moderna. En parte las vacilaciones de Obama, que trazó una línea roja a Assad y luego la desconoció, desataron los horrores en una región dividida en dos facciones igualmente bárbaras, chiítas y sunitas.
 

El mundo de primer nivel
debe proteger su identidad  

 A todos conmueve el drama de gente indefensa que escapa para salvarse, víctimas tanto de sucesos fuera de su control como de sus propios fanatismos, y si no han logrado liberarse de sus dictaduras y escapar de una mentalidad que los tiene anclados en la Arabia del Siglo VI, muy poco de positivo podrán aportar al mundo.

Tiene sentido que Europa acoja a los fugitivos cristianos como a un par de etnias como los yazzidis, una rama de los pueblos arios que invadieron la región hace más de tres mil años.

Pero Europa está en su pleno derecho de defender su cultura, su cristianismo y su refinada civilización, de sectas que no solo buscan destruirla, sino que también se exterminen unos a otros.

Es de enorme importancia para la civilización que las naciones que han forjado una cultura de altísimo nivel y están en las vanguardias del intelecto, las ciencias, de libertades cívicas, de espiritualidad y concordia, cuiden su identidad nacional y la protejan a cualquier costo de la barbarie, de los odios y de la violencia. Nadie quiere para Europa lo que sucede en Siria y amenaza todo el Medio Oriente.