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No puede haber fútbol ni país sin reglas claras

Nadie aquí está pidiendo que haya legislaciones con dedicatoria, sino simplemente que no se desmarque el país de la práctica y usos del mundo desarrollado  

Los partidos de fútbol se llevan a cabo gracias a que los equipos participantes, y los jugadores están de acuerdo con las reglas del juego y con la autoridad del árbitro para dirimir cuando hay errores o faltas. Recuérdese, como contraste, la polémica alrededor de la actuación de un árbitro en el último campeonato de la Copa de Oro.

Al no haber reglas claras o cuando éstas se cambian durante un torneo o están sujetas a interpretaciones antojadizas, lo probable es que el partido se suspenda, se arme un escándalo en las graderías, se sancione a uno o ambos equipos, haya denuncias públicas...
De allí la norma de hierro, inviolable: los equipos y sus jugadores se comprometen a respetar las reglas que,  en el caso de la mayoría de deportes, son invariables desde hace decenas de años.

Con el diálogo público y el debate de la problemática que afecta personas, entidades, sectores o a una nación entera, vale lo mismo: no hay diálogo en el buen sentido, a menos que las partes reconozcan y acepten la validez de reglas, principios morales y la lógica.

El gobierno tiene sus propias nociones de lo que es un “diálogo”: monta mesas que rellena de toda clase de gente sin credenciales, abre un par de espacios para gremios y sectores no vinculados al oficialismo, se las pasan en discusiones estériles, cambian las reglas y nunca se llega a conclusiones de alguna utilidad.

Y mientras la economía va en descenso, aumenta el desempleo, es menos competitivo el país frente a productores externos, se cae la inversión...
 

Pueden ir de barrio en barrio
pero cuiden a los productores
  

 Los “diálogos” sufren de una casi insalvable lacra: los rojos mienten, falsifican cifras, no quieren reconocer datos de entidades internacionales, restan toda importancia a los reportes de calificadoras internacionales y se hacen lenguas sobre su gran labor. “Gran labor” que no pasa de repartir semillas, cheques por una sola vez a viejos y comunidades, promesas y más promesas.   

A esto se suman los torrentes de propaganda muy costosa que difunden, donde se ufanan de lo que hacen por “el pueblo” pero sin mencionar que no es con fondos propios sino con dineros que los productores tributan.

Repartir, regalar, montar garduñas, prometer es muy fácil; lo difícil es fabricar, construir, crear empresas, vender, cosechar, procesar, exportar, sostener empleos, actualizar tecnologías, modernizarse.

Repartir comenzando por la propia burocracia, las parentelas y las amigatelas, cuya prosperidad personal no sólo salta a la vista, incluyendo las grandes haciendas que se atribuyen a uno de los funcionarios del Ejecutivo, sino las fortunas visibles del funesto depravado y del expresidente de la Asamblea, fortunas que no se investigan, pero en cambio se montan persecuciones contra gente honrada.

Volviendo a las reglas del fútbol, una de las principales exigencias de la gente de trabajo es que se definan reglas claras y además reglas que en su forma y sustancia concuerden con la práctica de los países desarrollados.

Nadie aquí está pidiendo que haya legislaciones con dedicatoria, sino simplemente que no se desmarque el país de la práctica y usos del mundo desarrollado.

Sánchez puede ir de barriada en barriada cuantas veces lo desee, pero si lo que busca es el bienestar de ese pueblo, tiene que entenderse con los productores.