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Procesiones en Guatemala clamando contra corruptos

La corrupción es uno de los engendros del populismo, el veneno que seduce a personas de poca capacidad para pensar, con halagos, promesas y pintando inalcanzables paraísos

Los guatemaltecos están organizando rezos públicos para salvar de la corrupción al país, como antes se realizaban procesiones para librar de pestes, guerras, sequías y catástrofes a naciones, ciudades y comunidades.

En Venecia, como testimonio de la intercesión de la Virgen María en dar fin a una pestilencia, la Serenísima República edificó en 1631, frente al Gran Canal y de cara al Palacio de los Dogos, la hermosa Chiesa della Salute, como en otra ocasión los muniqueses de Baviera levantaron en 1638 una columna-pedestal de la Virgen para agradecer el final de cuatro maldiciones, en el lugar conocido como la Marienplatz.

Pero ¿la corrupción?

En Guatemala, donde proliferan corruptos desde hace un largo rato —aunque no se ha establecido quiénes, en Centro-América, se llevan la presea de oro no obstante que, en nuestro país, hay brillos inexplicables en la atmósfera—, investigaciones y denuncias destaparon el escándalo, que ya le costó el cargo a la vicepresidenta y a otros funcionarios.

Sorprende que ese espíritu cívico que ha llevado a Honduras y Guatemala a manifestarse en contra de la corrupción aún no se extienda a El Salvador y Nicaragua.

Corruptos hay cuando las instituciones y el imperio de la ley se resquebraja, se amordaza a los ciudadanos y a los medios independientes, se niega información a los ciudadanos sobre gastos y uso de presupuestos, se persigue a los que denuncian y se montan cortinas de humo para embobar a los incautos.

El colmo fue cuando se pidió al actual régimen salvadoreño detallar los gastos de Funes en sus múltiples e imperiales viajes, pero se rechazó la petición alegando que se ponía en peligro "la seguridad nacional".

Como ahora se rehúsa aclarar cómo es que un expresidente de la Asamblea Legislativa llegó a millonario "ahorrando"...

Como se dice de la Libertad, su precio es la vigilancia eterna, igualmente, eterno debe ser el cuidado de los recursos públicos y de lo que hacen funcionarios, de lo que es su tren de vida, de asegurarse de que no pasen, de la noche a la mañana, a vivir con opulencia fuera de sus oficiales posibilidades.

Ojalá el ejemplo guatemalteco se contagie en toda la región

La corrupción es uno de los engendros del populismo, el veneno que seduce, a personas de poca capacidad para pensar, con halagos, promesas y pintando inalcanzables paraísos. Y ese populismo desenfrenado es lo que ha conducido a la catástrofe venezolana, al desastre de Ecuador, a las cuitas y a la corrupción chilenas, a la ruina de Bolivia y al colapso argentino.

También es causa de que Grecia esté al borde de la insolvencia y, con gran probabilidad, tenga que salir de la zona euro, dejando al país empobrecido y sin mayores posibilidades de resarcirse de sus endémicos males.

No hay efecto sin causa: la situación crítica de Grecia es consecuencia del desgobierno de los Papandreu, socialistas cerrados a argumentos y realidades como todos los de su pelaje.

La esperanza es que la reacción guatemalteca sea contagiosa y que en Centro-América haya movimientos contra la corrupción, las cortinas de humo mediáticas, los gastos desaforados en propaganda, la incapacidad para bien regir los destinos públicos.

No es posible poner un policía cuidando lo que hace cada funcionario, pero lo es instar a las instituciones cívicas, a grupos ciudadanos, a gente decente, a cuidar lo de todos.