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¿Por qué fracasó el Sitramss? Por ser un cuello de botella

Con el Sitramss el régimen tuvo una gran pensada para ningunear el proyecto de buses articulados que anunció el alcalde Quijano, proyecto que funcionaba sin necesidad de despedazar la ciudad

El miércoles un autobús tuvo un ligero choque con otro vehículo, incidentes que normalmente no pasan de ser molestias menores pero que, en la gloriosa era del Sitramss, el gran proyecto público del régimen de Funes, la consecuencia fue un descomunal atasco, como descomunales son los tranques que día a día se producen.

Tratemos de un concepto clásico que se aplica tanto a hechos físicos, como económicos y de organización: los cuellos de botella. Cuando un flujo de trabajo, vehículos, labores en una fábrica o puertas en un salón, se reduce, el resultado son demoras, desgaste de materiales, pérdidas de tiempo, atascos. Si se cierra media carretera al paso vehicular, el resultado es que se forman enormes colas esperando pasar, a las que se van agregando decenas y decenas de autos.

Cuellos de botella son los causados por pasos estrechos, es el funcionario que debe firmar montañas de papeles, exigencias sin sentido que retrasan proyectos, un puente angosto. Y el Sitramss es precisamente eso, dos larguisísimos cuellos de botella, largos en kilómetros, al lado de dos vías para los transportes públicos. No entender la falla esencial del esquema indica o mucha ignorancia o poca mollera.

Con el Sitramss el régimen tuvo una gran pensada para ningunear el proyecto de buses articulados que anunció el alcalde Quijano, proyecto que funcionaba sin necesidad de despedazar la ciudad, como funciona en muchas otras ciudades del mundo.

Pero la soberbia, la soberbia de creerse más vivo que el otro, conduce al despeñadero, como lo advierte la Biblia en muchos pasajes.

Las anteriores consideraciones nos llevan a sugerir al régimen un remedio al embrollo en que están sumidos: nombren a Norman Quijano como arreglador de entuertos, para que la capital y sus pobladores salgan de la pesadilla en que el anterior y actual régimen los han metido.

Y que salgan a tiempo de la pesadilla para que esta época navideña, cuando el comercio y la industria tienen o deben tener sus mejores meses, no sea como la previa por culpa del Sitramss.

No logran pegar ni una sola; con enorme costo para el país

A lo anterior se suma el que los mexicanos encargados de construir la terminal abandonaron los trabajos y hay, o que renegociar un nuevo contrato con quienes tan mal han administrado las cosas, aunque eso es culpa de los padres de la criatura que se llama Sitramss, o buscar otras empresas, lo que naturalmente lleva a más retrasos del proyecto que, según el vicepresidente, será un modelo para el mundo.

Simplemente el régimen debe aceptar el fracaso, exigir a Funes que pida perdón (llore o no llore) y arreglar como se pueda la destrozada ciudad de San Salvador, implementando con calma lo de los buses articulados que propuso Quijano.

Los pobres del régimen, con todo el poder político y los millones de millones que obtienen del saqueo a la economía, no pegan una sola, yendo de fracaso en fracaso como está saliendo a luz con el escándalo de El Chaparral.

Pero la causa es simple: no es sólo de soplar y hacer botellas, ni se pueden esperar buenas ejecutorias de alguien sin preparación ni conocimientos que se nombra de ministro o presidente de una autónoma. Y no costaba anticipar el desastre relacionado con la generación eléctrica cuando se nombró a un total incapaz para dirigir el sector.