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Pocos logros y nula obra después de cuatro años

Es de asombrarse que una presidencia esté por finalizar su mandato sin dejar obra de significado, realizaciones positivas, concordia y entendimiento entre la gente

Son escasos los logros del actual régimen, victorias en el papel y el discurso, que contrastan con fracasados programas, incumplidas promesas, creciente desánimo de la población, más violencia y la casi inexorable pérdida de posiciones frente al resto de países del Hemisferio.

La cereza del pastel de aniversario fue la descalificación de Fonavipo por Fitch, lo que se llevó de encuentro a otras tres entidades financieras estatales y dio lugar a presentar una nueva ocurrencia: en lugar de destituir a los responsables de esa quiebra y reorganizar el ente, se pretenden lanzar bonos al mercado para reflotar Fonavipo; más deuda, más carga a los salvadoreños que ahora con dificultad sostienen a sus familias.

El régimen cumple un nuevo aniversario sin haber encontrado rumbo, sin compasión para los afectados por la crisis, sin dar aliento y condolencia a las víctimas de la violencia, sin entender las fuerzas que mueven la economía del país, sin concertar con los productores, sin poner límites a las apetencias y excesos de la nueva clase política.

En los cuatro años transcurridos desde que el mandatario asumió el poder (entregando de inmediato lo sustancial del mismo a la meritocracia roja, a los que hicieron la guerra a El Salvador) ha habido muy poco de intelecto, de originalidad de ideas, de elocuencia para hablar a la gente, de consuelo para los que pierden a sus hijos, a sus familiares, sus negocios y su felicidad por las depredaciones del crimen organizado. El hígado, los prejuicios, la desconfianza y la mala voluntad a otros es lo que rige su discurso y sustenta sus programas.

Queda un país peor del que encontraron

Es de asombrarse que una presidencia esté por finalizar su mandato sin dejar obra de significado, realizaciones positivas, concordia y entendimiento entre la gente. En prácticamente todo, el actual mandatario entregará un país peor del que recibió, con los problemas agravados y sin siquiera solucionar lo que para muchos es prioritario, desde combatir la corrupción y el despilfarro, incrementar la generación de energía, poner orden en la administración de sectores como salud pública y educación, hasta hacer funcionar el Puerto de la Unión e iniciar la ampliación del aeropuerto de Comalapa.

Es raro, si es que se dio, que el discurso presidencial deje frases memorables, inspire a algún sector, toque lo que es cultura y enaltezca lo que de hermoso y positivo hay en esta tierra. La confrontación, el regaño y el hostigamiento, echar la culpa de los propios fracasos a otros, son lo medular de sus mensajes. Hay un vacío de conciencia moral, de los principios que rigen las democracias y la civilización, de los valores que diferencian entre el subsistir, irla pasando, y la vida con sentido y una medida de alegría.

En el tiempo que queda puede hacerse algo de positivo, entre otras cosas evitar el saqueo de los que pueden irse, firmar contratos y acuerdos contrarios al interés general, cuidar que no haya una destrucción masiva de documentos e información. Este segundo régimen de izquierda no debe actuar como el primero, que arrasó con lo que pudo antes de entregar dependencias y oficinas, además de dejar las cajas vacías, deudas por todas partes y problemas y amenazas agravadas.

Al resto de los ciudadanos les toca de nuevo la reconstrucción nacional.