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Poca compasión se muestra para las víctimas de la matanza

¿Es que alguna vez un funcionario, un ministro, el propio presidente, se conmiseraron del dolor ajeno, hablaron de una tragedia como la de la viuda que quedó con diez niños abandonados o las madres de escolares muertos por el capricho de un pandille

Una pareja fue asesinada frente a sus hijos que, hasta el último momento, suplicaron por las vidas de su papá y su mamá a los hechores, pues además del horror de perderlos, quedaban en la orfandad. Y esto se repite día a día en El Salvador, ya sea como represalia por no pagar "la renta" ---la vida humana vale menos que los veinte dólares o los cien que se cobran---, o para llenar las cuotas que imponen las pandillas a quienes ingresan a ellas.

Pese a que nunca se responde a la interrogante que estos hechos plantean --–¿quiénes les enseñaron a los pandilleros a agruparse en células, a extorsionar, a secuestrar y asesinar, a emprender acciones militares, a destruir por destruir y además a reclutar niños como carne de cañón?--- la realidad terrible pesa enormemente sobre la vida nacional, como pesa la otra realidad, que es la incapacidad del actual régimen para detener la marejada infernal.

Cada una de esas muertes, tragedias que para el régimen parecen ser únicamente cifras, son hechos que hieren para siempre la vida de familias, de personas, de comunidades y de la población. Y cualquiera imagina el dolor intenso de un niño a quien le matan a su padre, de un hermano que pierde a su hermano, de dos amigos que logran escapar de una masacre pero que sufren la pérdida de sus compañeros.

¿Es que alguna vez un funcionario, un ministro, el propio presidente, se conmiseraron del dolor ajeno, hablaron de una tragedia como la de la viuda que quedó con diez niños abandonados o las madres de escolares muertos por el capricho de un pandillero? En las diatribas e insultaderas sabatinas del Ejecutivo, el blanco son los productores y la gente de trabajo, pero nunca los asesinos o los extorsionistas, a los que inclusive se justificó diciendo que en esa manera sostenían a sus familias.

Llegando a extremos peores que los de Boko Haram en Nigeria

La insensibilidad frente a la tragedia humana que lacera nuestro país da la pauta para algunos, que adoptan la postura de que si no les toca, no tienen por qué lamentarse. Y a ello se suma la actitud de muchos jueces que revelan –--y al hacerlo los condenan a muerte--- la identidad de testigos. Y ya se dio el caso de procesar a un órgano noticioso por la publicación de lo que en cualquier país del mundo es noticia instantánea, el asesinato de un joven indefenso por un "machito".

En lugar de despertarse a lo monstruoso de ciertos procedimientos y leyes, y particularmente la ley minoril, se persevera en defender lo indefendible mientras siga el derramamiento de sangre en El Salvador.

¿Recuerdan, estimados lectores, al sicópata noruego que reía frente a las cámaras después de matar a tiros de fusil a varias decenas de jóvenes indefensos? Matar para el perturbado es un diabólico deporte…

Y estos hechos no conmueven ni le quitan el sueño al régimen… mientras siga la fiesta.

Hay todo un revuelo mundial, más que justificado, por las depredaciones y matanzas del grupo fanático musulmán Boko Haram, de Nigeria, que sin piedad secuestra jovencitas, amenaza venderlas como esclavas y va extendiendo sus agresiones a los países vecinos.

Pero en Centro-América no se está mejor sino peor, cayendo en variantes de la esclavitud, con bandas que se proponen descarrilar a la región y sumirla en la barbarie.