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Periodistas y comunicadores: los radicales quieren destruirlos

Si se golpea a los medios de comunicación, todo el cuerpo social queda afectado en alguna medida, pero el mayor perjuicio se causa al conocimiento de los habitantes sobre lo que sucede en su país

Véanse, periodistas y comunicadores, en los espejos de Venezuela, de Cuba y de los despotismos radicales de izquierda: los medios informativos son perseguidos, censurados y clausurados, dejando en la calle a decenas de miles de personas.

Sin escape, diarios, emisoras de televisión y radios comienzan a ser hostigados, amordazados y perseguidos a partir del momento en que toma el poder una banda radical de izquierda, como también viene sucediendo en El Salvador desde que el actual régimen asumió.

En Cuba, que hasta la entronización de los Castro contó con varias de las más dinámicas publicaciones y radiodifusoras del Hemisferio, sólo funcionan medios sujetos al régimen, hojas y emisoras al servicio de la dictadura, como tampoco hubo diarios libres ni menos publicidad en el ahora extinto bloque socialista bajo control de la Unión Soviética.

Reporteros y editores, camarógrafos, guionistas, locutores, entrevistadores, montajistas, prensistas, personal de mantenimiento, transportistas, agentes vendedores… de afianzarse los rojos en el poder, vayan despidiéndose de sus empleos; uno a uno irán sucumbiendo todos, como sucede actualmente en Venezuela.

Como también olvídense de su trabajo los que ahora dependen indirectamente de la vigorosa industria publicitaria salvadoreña, desde auditores, contables, personal de apoyo, modelos, maquilladores, mensajeros y empresas que prestan servicios a agencias publicitarias, diarios, emisoras, editoras de revistas.

Los rojos salvadoreños acaban de solidarizarse con el salvaje de Maduro.

En las estructuras productivas de la economía, aun las existentes en países del Tercer Mundo, no hay sectores o actividades aisladas que sean inmunes a lo que acontece en alguna parte del inmenso engranaje. Si se golpea a los medios de comunicación, todo el cuerpo social queda afectado en alguna medida, pero el mayor perjuicio se causa al conocimiento de los habitantes sobre lo que sucede en su país, que queda a merced de suposiciones, rumores, medias verdades y el engaño como práctica de un régimen.

Cada persona y cada grupo, encerrados por el silencio

Pero por encima de imponer el silencio como un arma de control y represión, este se vuelve el principal cómplice de manipuladores y carceleros, encerrando a la gente en los pequeños ámbitos que la rodean. A las personas y a los naturales grupos humanos que se forman en toda sociedad, hasta las más primitivas, se le hace imposible llegar al que está más allá de la montaña, al otro extremo de su país o en el resto del mundo.

La censura y la imposibilidad de transmitir ideas y saberes generan una regresión en el tiempo, lo que se traduce en las marchas hacia atrás que se sufren en los países comunistas y en las dictaduras.

En lugar de avanzar se pierde lo conquistado, se renuncia a lo esencial de la civilización del momento, a lo que ya conocemos como la era del saber y de las comunicaciones.

Es casi imposible hacer ciencia, innovar, descubrir nuevas formas de expresión artística, dar un nuevo impulso a la moda, crear grupos de interés en algún tema, abrir brecha en lo intelectual y lo social, estando encerrado sin poder comunicarse con otros.

Y ese "comunicarse con otros", saber lo que se piensa y se investiga y se estudia en los diferentes ámbitos de una patria, es el gran e imprescindible aporte de las comunicaciones independientes, de lo que aquí está amenazado como en Venezuela.