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Para encubrir los fracasos insultan a los productores

La economía de un país no debe descansar en el pago de impuestos, como lo demuestra el caso de Hong Kong, un Estado de muy poca tributación pero de un extraordinario éxito en desarrollo y calidad de vida.

Hacienda continúa insultando al sector productivo del país, como lo evidencia la publicación de una lista que estigmatiza como morosos tributarios a negocios y personas que tienen en revisión sus casos y que, por lo mismo, no está comprobado que han cometido falta alguna, declaró el presidente de ANEP, Jorge Daboub.

Y para enmendar el agravio, Hacienda envió cartas privadas a los mencionados, en vez de publicar una excusa formal.

En el anuncio de Hacienda se da a entender que es por el no pago de impuestos de los señalados, que hay carencias graves en los servicios públicos, incluyendo los hospitales y los centros de enseñanza. Pero la suma total de lo supuestamente adeudado es apenas el tres por mil, lo que significa dos cosas:

—Lo primero, que el gobierno destina menos del uno por ciento de sus ingresos a los servicios públicos, lo que a su vez quiere decir que el resto, el noventa y nueve punto siete por ciento de lo que recibe, va a otros usos y gastos, lo que aún considerando el descalabro en los servicios, es una colosal exageración;

—lo segundo, que echan mano de cortinas de humo, demagogia, insultos a terceros, de la calumnia y la difamación para encubrir el desastre que su pésima gestión está causando. Y en vez de entrarle a los problemas y reducir sus despilfarros, lo que hacen es recortar fondos a escuelas y hospitales.

La economía de un país no debe descansar en el pago de impuestos, como lo demuestra el caso de Hong Kong, un Estado de muy poca tributación pero de un extraordinario éxito en desarrollo y calidad de vida. En Hong Kong, uno de los más fascinantes y exitosos conglomerados humanos del globo, como Singapur, lo esencial es producir, generar empleo y marcar el paso al futuro.

Producir para llenar necesidades humanas, para competir en los mercados mundiales, para construir ciudades, supercarreteras, puertos y sistemas de salud y educación, es lo que separa "a los hombres de los muchachos", es decir, a los pueblos que avanzan de los que van quedando en rezago o están implosionando.

No se cumple con lo primordial: proteger a la gente

Hace más de medio siglo Asia estaba sumida en despotismos o sufría de los esquemas socializantes, o mejor expresado, asfixiantes como ahora en Hispanoamérica. La India fracasaba con Nehru y Europa no terminaba de salir de los racionamientos.

Hong Kong, a pesar de ser un enclave a un costado de la China Continental, sufría de gran pobreza y de factorías crueles, pero a pesar de ello proyectaba —y lo hace hasta el día de hoy—, libertad y ganas inmensas de salir adelante como en menos de dos generaciones lo consiguió.

Aquí está sucediendo lo contrario: de ser un país con liderazgo regional, competitivo y en desarrollo, estamos en plena reculada. Y caminamos hacia atrás, como se dice de los cangrejos, sin que los responsables de la conducción de los asuntos públicos piensen en otra cosa que no sea la exacción y el sostenimiento de la nueva clase partidaria.

El horror de la violencia desenfrenada es, posiblemente, el síntoma más elocuente del fracaso en que nos estamos hundiendo. Y remedios no se plantean para cumplir con la principal obligación de un Estado: proteger a los pobladores.