Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Papel de las comunicaciones en la producción y el saber

Dos billones o cuatro billones no alcanzan en manos de los que nada saben hacer bien pero que se han vuelto inamovibles en sus cargos y que, además, rehúsan combatir la criminalidad en unión de las policías regionales

Debido a su alejamiento de la realidad, los efemelenistas no logran entender el decisivo aporte que buenas y fluidas comunicaciones hacen a la economía nacional y global, por lo que cualquier medida que las entorpezca, dificulte o encarezca, perjudica el crecimiento y bienestar de todos.

La última agresión contra la economía, fraguada por los comunistas, es gravar con un diez por ciento las llamadas telefónicas, la importación de equipos que se utilicen en transmitir, procesar o conectar sistemas digitales, incluyendo aparatos de televisión y radio, lo que se difunda usando medios digitales, etcétera.

La postura menosprecia o desconoce el valor de la comunicación en la era de las comunicaciones, lo que va desde ser una herramienta esencial para producir, brindar servicios, educar, actualizar tecnología y entretener, hasta poner en contacto a personas, familias y grupos.

El más simple mensaje, desde “nos reunimos en tu oficina”, hasta “¿recibieron el pedido de frijol?”, evita pérdida de tiempo y coordina actividades, tanto privadas como públicas.

Mucho se ha avanzado desde la época en que el número de líneas telefónicas disponibles no pasaban de quinientas mil, dejando por fuera al grueso de la población. En la actualidad prácticamente todos los salvadoreños tienen un móvil, lo que contribuye, en gran medida, al desarrollo general o, en el caso actual, evita un mayor deterioro de la economía.

Las comunicaciones telefónicas, el Internet, el intercambio de información y la posibilidad de trabajar simultáneamente con personas al otro lado de la oficina o del mundo, es parte, tanto de la producción general como lo es de llenar un encofrado de concreto o cultivar cereales. Y la telefonía al alcance de todos es liberadora, contribuye al bienestar.

En el Primer Mundo la producción real de bienes y servicios tiene un componente mayor de aporte digital, que de insumos materiales, lo que choca con la ideología materialista de los rojos.

El brutal atarrayazo que plantea el impuesto del “diez por ciento a la telefonía” perjudica la información que se difunde por Internet, el intercambio de conocimientos, la enseñanza, las consultas profesionales, los diagnósticos que se hacen a distancia de lo que sufre un paciente o afecta a un equipo.

En el Primer Mundo el quehacer productivo que más depende de sistemas digitales, computadoras, por así decirlo, es el agrícola, precisamente lo que produce los alimentos que sostienen grandes masas humanas.
 

Van de fracaso en fracaso, 
de ocurrencia en ocurrencia

 

 Hace muchos años, en la aurora del mundo digital, en nuestro país, los gobiernos de aquel entonces liberaron  de impuestos aduaneros a las computadoras y sus accesorios, para así facilitar la actualización productiva y fomentar el aprendizaje y uso de computación.

Pero aun suponiendo que el objetivo del impuesto sea para reforzar la lucha contra la delincuencia y no para el mantenimiento de activistas políticos y de funcionarios “que ahorran”, o para la gran fiesta roja, el problema no es tanto la falta de dinero cuanto la inepcia de los encargados de la seguridad en el país, que van de error en error, de planes fracasados en planes fracasados, de torpeza tras torpeza, de ocurrencias en ocurrencias.

Dos billones o cuatro billones no alcanzan en manos de los que nada saben hacer bien pero que se han vuelto inamovibles en sus cargos y que, además, rehúsan combatir la criminalidad en unión de las policías regionales.