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¿Es el pajarito un gorrión o acaso un "baby" buitre?

Los repartos son comida de hoy y hambre para mañana, ya que no son sostenibles en el tiempo, pues además de no generar nueva producción crean dependencia en la gente

En forma de pajarito, dice el presidente interino de Venezuela, Maduro, se le apareció Hugo Chávez, lo que debe tener electrizado al sector minusmental de los electores de su país. No aclaró si el pajarito era un "baby" gorrión o un "baby" buitre, posibilidad abierta después de la purificación por el fuego que el extinto líder debe estar pasando en el más allá.

Maduro no amaga y cada paso, declaración o movida busca precisos efectos electorales. Una de sus últimas iniciativas, según reveló el diario ABC de Madrid, es entregar diez mil nuevos vehículos a militares chavistas para asegurar su lealtad al movimiento; los automotores no se acaban de repartir cuando los irreverentes humoristas de Venezuela los han apodado "bacinicas", una metáfora que no acabamos de entender.

Maduro no tiene problema alguno para financiar su campaña: simplemente mete mano en los presupuestos públicos, de donde sale dinero para todo, incluyendo la propaganda del régimen sobre las maravillas realizadas por el chavismo. El principal logro son los repartos de dinero, víveres y prebendas a "el pueblo", una descarada compra de votos. Esos repartos tienen la ventaja adicional aunque no declarada, de que "quien parte y reparte se queda con la mejor parte".

Pero no hay en esta vida almuerzos gratuitos y lo que Maduro despilfarra la economía lo cobra en menor crecimiento, inflación monetaria, deterioro de la infraestructura y envilecimiento del carácter y las actitudes de la población.

Las consecuencias más graves y visibles son la pérdida de valor de la moneda, lo que es una pérdida significativa a los salarios que devengan los trabajadores venezolanos, a sus ahorros y a la inversión. O, dicho en otra forma, lo que el régimen da con una mano lo quita, en parte, con la otra. Con la inflación se cumple aquello de que "mientras los salarios suben por la escalera, los precios van en el ascensor".

Lo segundo es el deterioro de la infraestructura, equivalente a un deterioro del futuro de los venezolanos. Las fiestas de hoy se pagan con los malestares de mañana, pues no sólo hay que detener la caída, sino también reconstruir lo que ya estaba hecho y funcionando.

Se va perdiendo la gana, el interés y la capacidad de trabajar

En esto "el socialismo del siglo XX" no se diferencia del socialismo de cualquier siglo: donde se implanta inicia un empobrecimiento que nadie puede detener; el caso más elocuente del Hemisferio Occidental es Cuba, y similares ejemplos los hay por toda la Europa del Este donde, un cuarto de siglo después del despachurramiento del "glorioso bloque socialista de naciones", muestra las profundas cicatrices que permanecen.

Un cercano amigo nuestro cuenta que en toda su vida jamás vio miseria más terrible que en Rumania y Bulgaria, que aún no consiguen levantar cabeza después de padecer medio siglo de comunismo.

Los repartos son comida de hoy y hambre para mañana, ya que no son sostenibles en el tiempo, pues además de no generar nueva producción crean dependencia en la gente. Es lo que por desgracia ha sucedido a muchas familias centroamericanas que viven de remesas, debido a lo cual han perdido la gana, el interés y la capacidad para trabajar y sostenerse por su cuenta.

Y esa calamidad, a nivel de todo el territorio, es lo que se va extendiendo como una lepra entre las masas chavistas venezolanas que creen ver al pajarito…