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En el país del madrugón rectificar es cuidar a la gente

Incluir a los medios informativos y agencias de publicidad en la ley de lavado no sólo es una afrenta, sino también una amenaza para una libertad democrática esencial, la de expresión

Argumentar que el Ejecutivo no puede vetar una ley o partes de ella porque fue decretada por consenso en la legislatura, sienta un nefasto precedente, pues cierra la posibilidad de rectificar, revisar, generar debate, corregir groseros errores.

En la legislatura hay leyes que se decretan sin discusión, que son aprobadas sin seguir debidos trámites, se pasa lo que comisiones han rechazado, hay sorpresivos de madrugada, leyes con dedicatoria, legislaciones que afectan sectores sin aviso…

Lo usual no es que una ley se discuta y se apruebe después de analizarla a fondo, oír a sectores afectados, asegurarse de que compagine con el derecho y los usos internacionales, sino lo contrario.

Incluir a los medios informativos y agencias de publicidad en la ley de lavado no sólo es una afrenta, sino también una amenaza para una libertad democrática esencial, la de expresión, además de socavar el normal desarrollo de la vida de una nación.

No hay, que sepamos, países democráticos donde los medios sean señalados como potenciales agentes de lavado, de blanquear fondos, o que se les califique como un vehículo de actividades ilícitas, aun cuando sus dueños y personal pudieran estar involucrados en actos ilícitos.

A la inversa, en la ley de lavado no se incluyen los prestanombres ni a individuos que trafican influencias, sea corrompiendo, actuando como rufianes o en su papel de agentes de gobiernos extranjeros que gestionan o se valen de sus posiciones para lograr contrataciones favorables para ellos y favorables para los países en cuyo beneficio actúan, aunque causen ruina y graves pérdidas a una nación.

Van en contra de lo que informa,

ilustra y defiende a la gente

El prestanombres, al igual que los padrinos políticos, no son una abstracción, personajes míticos imposibles de encontrar, sino los que asumen como propietarios de inmuebles, gestionan créditos, son dueños nominales de lo que usa y ostenta el ladrón de dineros públicos, lavan en plena luz pública dos o tres millones de dólares. En parte es la cara de fortunas enormes siendo estos personajes enriquecidos con las propinas que reciben.

En el tráfico de influencias, en lograr que se rompan leyes y se envilezcan trámites para obtener favores, se concentra gran parte de la corrupción, sea asegurando el transporte por el territorio de cargamentos de droga, sea pagando por estudios que no se necesitan, sea como ejecutores de grandes obras que luego quedan abandonadas.

A los medios se les incluye en la ley de lavado para acosarlos ante la opinión pública, en momentos cuando hay fortunas enormes que se despliegan en la propia nariz de la gente. Y no se requieren investigaciones profundas para establecerlo, sino que el botín está en parte a la vista, como se exhibe en caravanas vehiculares inexplicables o en suntuosos negocios que brotaron de la noche a la mañana.

El ejercicio del periodismo, sea radiofónico, escrito o televisado, es la garantía de un conglomerado humano, de toda la gente, que se asegura de que hay quienes vigilan, quienes señalan y quienes cuidan la institucionalidad y tutelan los principios de la gobernanza y la convivencia democrática. Asimismo, son el ve-hículo que informa a la gente sobre lo que pasa en el país y el mundo, lo que se mueve en la economía, lo que está a su alcance como consumidores.

La alternativa a los medios libres es el silencio, la opresión, la barbarie, el abuso y el saqueo.