Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

En oídos muy sordos ninguna razón entra

Para echar "más sal sobre las heridas", ahora hacen arreglos para caerles encima a los ahorros de los trabajadores, quedárselos como en el caso de esa inexplicable fortuna de un funcionario

"La inseguridad y el clima de negocios siguen empantanados", advirtió el presidente de FUSADES, Francisco de Sola, al criticar la obstinación del gobierno de no oír a nadie, no tomar en cuenta los múltiples reparos que se hacen a sus ruinosas políticas, además de ignorar los aflictivos problemas que sufre la población, principalmente en lo referente a la seguridad.

"El país podría entrar en una grave crisis financiera, política y social si no detiene el incontrolable endeudamiento y si continúan apagados los motores de crecimiento de la economía", agregó.

El grupo en el poder ignora las numerosas y contundentes señales del deterioro de la economía, desde el descenso en las calificaciones de los bonos estatales, lo relacionado con la inversión, las mediciones sobre la facilidad para hacer negocios, el problema del exceso de regulaciones y exigencias que se hace a productores y a ciudadanos, la salida de empresas para establecerse en otros países... parecen hipnotizados por su propia propaganda, por los respaldos que reciben de dictaduras como la venezolana.

El Salvador es parte de la hermandad universal del autobombo, lo que cobija el Foro de Sao Paulo, dedicado a alabar dictaduras y movimientos violentos en el mundo, desde Hamás, en Palestina, hasta el cuestionado régimen chileno y los problemas que han aflorado de la corrupción dentro del círculo de Bachelet.

"La aritmética no es asunto de opiniones", sino que se rige por precisos principios. Y aplicando la aritmética, haciendo cifras y midiendo realidades, la situación económica, social y humana en nuestro país es aflictiva, lo que demanda correcciones para no caer en una recesión.

Para cada familia salvadoreña, la deuda representa una carga de mil cuatrocientos dólares por persona ---niño, anciano, minusválido o trabajador activo---, lo que es igual a cerca de diez mil dólares por familia, una cifra superior a lo que las familias ingresan por año.

Esos diez mil dólares, que pudieron haberse empleado para adquirir una vivienda, mejorar su educación o guardarlo para su retiro, se emplean para sostener una enorme burocracia parasitaria o pagar por proyectos fallidos como el Sitramss o el gran hoyo de El Chaparral.

Prestan, prestan, prestan y prestan

pero no en beneficio del país

Y para echar "más sal sobre las heridas", ahora hacen arreglos para caerles encima a los ahorros de los trabajadores, quedárselos como en el caso de esa inexplicable fortuna de un funcionario.

Alcanzar el bienestar general no es tampoco un asunto de opiniones, sino de aplicar sensatas políticas que fomenten el crecimiento. Hay que ser eficientes administradores, parcos en el gasto, ahorrativos en contratar empleados y trabajadores, prudentes para adquirir compromisos (uno de los agujeros negros del actual y previo regímenes) y capaces de rectificar.

Pero rectificar es lo último que los rojos están dispuestos a hacer, o que ni siquiera entienden.

Y los más tristes ejemplos son el Sitramss, como la terrible situación de los servicios de Salud, un estado tan deplorable que hasta jefes policiales se burlan de quienes tienen que usarlos, que son precisamente las personas más vulnerables de nuestra sociedad.

Son los que duermen en el suelo, que no reciben vacunas para tratar el melanoma, que no son intervenidos debido a que los aires acondicionados de los quirófanos están estropeados.

Los millones de préstamos no son para aliviar eso, sino para sostener a hordas de incapaces.