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Nunca hubo una concesión para el negocio privado Sitramss

En ningún momento se sometió a la Asamblea Legislativa la concesión de hecho de la Juan Pablo II, la exclusión del resto de rutas y la toma de parte del Bulevar del Ejército también para uso del Sitramss

Una demanda de inconstitucionalidad contra el Sitramss fue admitida por la Corte Suprema, mientras la puesta en marcha del monstruoso esquema ha destruido muchas vías urbanas, genera caos vehicular permanente, cuesta millones de millones de los fondos públicos, parte a la ciudad en dos y está a punto de ser la ruina de San Salvador.

El Sitramss se tomó una vía pública, la Alameda Juan Pablo, para operar como negocio privado pero sin que la Asamblea Legislativa autorizara la concesión, fijara un canon de alquiler por el uso de bienes estatales, se presentaran estudios que demostraran su conveniencia o se permitiera que otras empresas de transportes utilizaran esa ruta o concursaran para obtenerla.

Como se ha denunciado, el Sitramss se impuso por decisión arbitraria del grupo en el poder, pasando por encima de leyes, sensatez, utilidad, transparencia y sin que valieran las protestas públicas ni los graves perjuicios que se han venido causando con el paso del tiempo.
Buses articulados operan en numerosas ciudades, pero en ninguna de ellas se usurpan vías de primer nivel, para convertirlas en una ruta exclusiva y excluyente de una operadora de buses.

El Sitramss es además un ejemplo lustroso de cómo una buena idea, los buses articulados que propuso el exalcalde Norman Quijano, se transforma en funesta ocurrencia, en descomunal disparate. Y pasó de gran idea a disparate por la codicia, por el objetivo de ir marginando a las empresas y rutas que, desde hace años, sirven a la capital, para quedarse con su negocio.
 

El Estado paga la infraestructura
y los “privados” embolsan las ganancias

 En ningún momento se sometió a consideración de la Asamblea Legislativa la concesión de hecho de la Juan Pablo II, la exclusión del resto de rutas y la toma de parte del Bulevar del Ejército también para uso del Sitramss, como tampoco el esquema que parte a la ciudad en dos y dificulta a automovilistas y peatones cruzar la misma Juan Pablo.

Aquí se trata no sólo de una concesión, sino de imponer prohibiciones a la gente y de forzar circulación vehicular en calles y avenidas no preparadas para ello, lo que las está destrozando sin que el Sitramss ni el gobierno de la República les den mantenimiento y las reparen oportunamente.

¿“A cuenta de qué” un negocio particular va a alterar de raíz lo que ha sido el trazo urbano básico de San Salvador, de una cuadrícula con cuatro ejes principales, la Avenida España, la Calle Modelo, la Calle Arce y la Segunda Avenida Norte, donde la Juan Pablo se constituyó en la primera ruta entre oriente y poniente de la ciudad? No se consideró a los peatones...

A ello se agrega otro hecho: durante la presidencia de Francisco Flores se construyeron más de dos mil 500 kilómetros de nuevas carreteras y se ideó un programa para dotar a la ciudad de anillos periféricos, lo que no se pudo llevar a cabo por la obstinada y muy poco inteligente oposición de los comunistas.

Si en algo son excelentes y perseverantes los comunistas es en oponerse por oponerse, en retardar, estorbar, impedir, sabotear... por ello es que hay un puerto abandonado, un aeropuerto que urge actualizar, escuelas que necesitan reconstruirse, un gabinete que debe incorporar personas capaces e ideológicamente independientes...