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El noble legado que deja la gran Dama de Hierro

La ministra Thatcher pudo cambiar rumbo gracias, en gran parte, a que hay un poderoso fundamento histórico de mercado libre y de imperio de la ley en Gran Bretaña

La gran Dama de Hierro, Margaret Thatcher, deja un legado de convicción moral, sensatez en el desempeño de responsabilidades públicas, claridad de intelecto y éxito en revertir un curso ruinoso en la economía de Gran Bretaña y del mundo industrial. Junto a figuras como el presidente estadounidense Ronald Reagan, el Papa Juan Pablo II y el líder sindical polaco Lech Wallesa, ella fue protagonista y figura clave en la contención del comunismo expansionista soviético durante la Década Perdida hasta la caída de este en 1991.

Cuando Margaret Thatcher asumió el cargo de Primera Ministra, la única vez que una mujer recibiera esa dignidad, los conflictos laborales y las exigencias de los sindicatos estaban desquiciando a la nación, con graves consecuencias para la paz social y el bienestar de los pobladores.

Hasta ese momento, casi desde finales de la Segunda Guerra Mundial, los sindicatos estaban dictando las condiciones de trabajo y, a causa de ello, la industria británica estaba perdiendo competitividad en un mundo que avanzaba hacia la globalización. Como hasta entonces en Estados Unidos, los crecientes costos derivados de laudos y demandas sindicales iban minando la eficiencia y, por ende, la capacidad de competir; "la paja que rompió el espinazo del camello", en este caso la paciencia ciudadana, fue una larga huelga ferrocarrilera mantenida por la terquedad de los sindicatos involucrados.

El resto de esa historia es historia, con un similar desenlace al conflicto de los controladores aéreos que puso a prueba la flamante presidencia de Ronald Reagan en Estados Unidos: o el gobierno cede al chantaje y socava su capacidad directora, o la ley y los superiores intereses de la economía consiguen recuperar control.

No alcanza a llegar la piedra a la cima, cuando cae de nuevo con estrépito

La ministra Thatcher pudo cambiar rumbo gracias, en gran parte, a que hay un poderoso fundamento histórico de mercado libre y de imperio de la ley en Gran Bretaña, lo primero por romper con los sistemas de privilegios y regulaciones a finales del Siglo XVIII, al inicio de la Edad Industrial y, a la vez, por ser en Inglaterra donde nació, en los tiempos posteriores a la caída del Imperio Romano, el sistema parlamentario y las estructuras de pesos y contrapesos como la garantía contra los abusos del poder.

La ministra Thatcher fue, junto con Reagan, el adalid de los gobiernos con poderes limitados, la libertad económica, el libre comercio, bajos impuestos y competitividad y eficiencia como los principales mecanismos para determinar salarios y precios. Gracias a esas políticas es que se logró detener y luego superar la crisis económica causada por las políticas de los laboristas en Gran Bretaña y el creciente desastre provocado en los Estados Unidos por el expresidente Carter, partero de genocidios que, inclusive, estuvo a punto de forzar racionamientos y controles de precios.

Nada es del todo perdurable y cada generación de hombres debe aprender sus propias lecciones, corregir sus excesos y enmendar rumbos. En cierta manera, la humanidad corre la suerte del mítico Sísifo, condenado a empujar una piedra hasta la cima de una montaña pero que cuando está a punto de llegar cae de nuevo, obligando a comenzar otra vez.

Las enseñanzas de la ministra Thatcher no pudieron detener los desbordes de demagogia y estupidez que han generado las crisis del momento y las precarias situaciones de países, otrora de gran crecimiento, como España y Grecia. La piedra amenaza con aplastar a Sísifo y a millones de millones de hombres.