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“Se necesita cultura tributaria” para seguir saqueando el país

Debido a las cadenas productivas, a las causas y los efectos y al hecho de que cada costo se pasa hacia abajo en cascada, los impuestos que se decretan “para los ricos” terminan inexorablemente pagándose por todos los habitantes de un

Se pasó, hace más de ocho años, el momento de recortar gastos, reducir impuestos y desparasitar la administración pública como se propone la campaña “show” emprendida por Salud, amén de ponerse seriamente a buscar eficientes administradores para que manejen las distintas dependencias oficiales.

Desafortunadamente el actual y previo regímenes en lo único que piensan es en crear nuevos impuestos, como si el país no hubiera, desde hace rato, cruzado la raya de los desvalijamientos fiscales que de nada sirven, o más bien, que están llevando al gobierno a la insolvencia y al país a una crisis.

La semana pasada, con la mayor frescura, el vocero del régimen salió declarando de que “era el momento” de decretar nuevos impuestos, presentando un pliego de cargas donde ya casi se llega a gravar las pupusas, al pan y la sal, a lo que de todos modos se encarece al cobrarlos a la telefonía, a las transacciones bancarias, a los ingresos de los productores, a la gasolina...

Lo que caracteriza el modo de pensar de los rojos es creer que las medidas, decretos, regulaciones, tributos, etcétera, se detienen en el sitio donde se aplican. El señor estadista y presidente creyó que el impuesto sobre las operaciones bancarias lo pagaban los bancos y punto, que ese tributo no desparramaba sus bondades por toda la economía nacional.

Contra tal suposición, un gran pensador y admirado amigo, Henry Hazlitt, señaló que la lección fundamental de la economía consiste en ir tras las consecuencias secundarias, terciarias y así, sucesivamente, de cada acto económico. Un ignorante puede creer que al gravar artículos suntuarios, o los ingresos que sobrepasen una determinada cantidad, o las comunicaciones, allí se queda el porrazo, sin afectar a ningún otro sector.

Pero debido a las cadenas productivas, a las causas y los efectos y al hecho de que cada costo se pasa hacia abajo en cascada, los impuestos que se decretan “para los ricos” terminan inexorablemente pagándose por todos los habitantes de un país, ricos y pobres, hasta vivos y muertos pues afecta el precio de los enterramientos.

No se mira obra efectiva alguna, pero sí intención de robar ahorros
 

El vocero con gran frescura dice que países como el nuestro necesitan “una cultura tributaria”, que no pueden depender de la caridad internacional, que hay que gravar lo suntuario. 

Y como remate al sermón, dice que “La gente lo que espera es que si demandamos recursos profundicemos en la austeridad”.

Esa austeridad de parte de los capitostes del régimen no se ve, pues no sólo no disminuyen sus despilfarros, viajes inútiles, ejércitos de asesores legislativos, más presupuesto para la Asamblea y campañas propagandísticas de altísimo costo para cantar loas a dos regímenes fracasados. Que hablen de “austeridad” es una burla al país entero.

Lo que la gente pensante se pregunta, como se lo preguntan los tanques de pensamiento, las gremiales, diplomáticos y la gente de la calle, es ¿qué hace el régimen con las enormes cantidades de dinero que recauda, con lo que reciben de préstamos, con lo que llega al país como donativos? Y lo preguntan porque nadie mira obra de beneficio efectiva, o que se detenga el deterioro de los servicios públicos, que se reconstruyan y reparen escuelas, que se mejore la seguridad y como remate, que quieran robarse los ahorros de las pensiones.