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Navidad triste para muchos... los victimizados por la violencia

Recuperar la paz, ayudar en cualquier pequeña medida a las familias y a los niños que sufren, debe ser un objetivo de las personas de bien, de los hombres y mujeres de buena voluntad. No olvidemos a esos niños desamparados

Nuestros sentimientos más profundos, emoción y plegarias son, en esta Navidad, para las familias enlutadas, las que han perdido en los recientes años a hijos, hermanos, padres, amigos, conocidos, gente de sus comunidades, compañeros de trabajo, personas que apreciaron.

Dios quiera que la Navidad, la conmemoración del Nacimiento del Hijo de Dios, el milagro de Belén, sosiegue un tanto el dolor y que los buenos recuerdos de quienes se fueron se sobrepongan a la amargura.

Los niños son las principales víctimas de la insania al quedar muchos de ellos desamparados para siempre, sin el amor de padres y en muchos casos de una familia. A los salvadoreños de bien nos hiere el grito angustioso de un niño, "¡papito, no mates a mi mamita!", que quedó con sus cuatro hermanitos en la más terrible orfandad.

A los niños se les está robando su niñez, su alegría, su futuro y, con frecuencia, a la pequeña familia que les amparaba.

Cada día hay vidas truncadas y con cada muerte familias que nunca van a ser felices, perseguidas por recuerdos y machacadas por el dolor.

Son casos que entristecen profundamente:

Los dos hermanos asesinados que laboraban en el mismo bus, uno como conductor, el otro como cobrador;

el joven que se graduó con honores en su clase y fue asesinado al siguiente día;

la deportista secuestrada y asesinada;

los muchachos ultimados cuando repartían agua en una colonia;

Marco, un joven que hablaba tres idiomas, era un excelente músico y aspiraba a ser un hombre de ciencia;

la señora dueña de un pequeño negocio que no pagó la extorsión y fue asesinada…

La mayoría de nosotros sabe historias conmovedoras, que nos van a entristecer por el resto de nuestras vidas.

En la noche de Navidad pensemos en los que sufren, los victimizados por una violencia que ha ensangrentado la tierra de El Salvador.

La Navidad es poesía, hermandad,

familia, niños, bellas tradiciones

Los comunicadores, día a día, tenemos que enterarnos y luego divulgar, las tragedias de las últimas horas. No hay tregua; pasamos de un horror para saber de otro. Es la historia del periodismo, ya que al lado de la información general, de los temas económicos, de los sucesos mundiales, de lo cultural y de lo que entretiene y educa, están las tragedias, los cataclismos y devastaciones.

Recuperar la paz, ayudar en cualquier pequeña medida a las familias y a los niños que sufren, debe ser un objetivo de las personas de bien, de los hombres y mujeres de buena voluntad. No olvidemos a esos niños desamparados y en la medida de lo posible lleguemos a ellos y también ayudemos a otros niños.

Ese es el espíritu de la Navidad, lo que llevó a los pastores a adorar al Niño Jesús y a los Reyes Magos hacer la larga travesía hasta Belén y el pesebre.

La Navidad son los villancicos, la imagen de Papá Noel prodigando alegría, los nacimientos con María, el Niño Dios, San José y el pesebre, la cena en familia, velas y luces, abrazos y llamadas.

Hagamos asimismo un esfuerzo para ir recuperando la paz en El Salvador. Hay que rechazar la violencia, las prédicas del odio, lo que choca con la tradición cristiana, con lo que es tranquilo y es honesto. Sonreír, dar las gracias, gestos amistosos construyen las buenas sociedades.