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La Natividad y el esplendor del arte de Occidente

Hay mucha unidad en esa pléyade de artistas, escuelas pictóricas, técnicas, visiones plásticas, todas capaces de ir a los fundamentos de nuestra fe y de volver al pesebre, a la Virgen con el Niño

En todo el mundo cristiano las representaciones de la Navidad, de la Virgen y el Niño, de la adoración de los Reyes Magos, de la huida a Egipto, de los apóstoles y los santos, dan vida a la fe, renuevan esperanzas y ternura, nos hacen partícipes del milagro temporal, pero eterno, que está con nosotros.

Cada representación de la Natividad, el pesebre y los pastores, la estrella de Belén, José, el carpintero, Marta y María es, al mismo tiempo, única pero común y universal. Y cada imagen enriquece una de las facetas esenciales del cristianismo, la de valerse del arte para enseñar, conmover, inspirar y enaltecer.

No hay dos natividades iguales en el inmenso tesoro artístico de la cristiandad, en lo que es la más esplendorosa manifestación del intelecto y el espíritu de la humanidad. La diversidad rige en Occidente, lo que nos hace desiguales y nos libra de la esclavitud del rebaño.

En el arte cristiano, la fuente de donde surge el arte de hoy, la Virgen siempre está con su manto azul, el Bautista con su piel de oveja, San José como un viejo benévolo y amoroso que cuida a la Santa Familia, el pesebre pobre pero con majestad, los pastores maravillados y adorantes.

"Y llegaron del Oriente los tres Reyes Magos y sabios… uno siempre joven, el otro en plena madurez de la vida, el tercero viejo, simbolizando las tres edades del hombre, el destino de todos los seres vivientes que nacen, crecen y mueren…" Los tres reyes hacen el largo peregrinaje, adoran al Dios viviente y desaparecen sin que ninguna tradición nos hable más de ellos, pero quedan en el arte.

Desde sus inicios el cristianismo siempre se valió de imágenes y símbolos en su apostolado: los primeros cristianos adoraron la cruz, el símbolo del martirio y emplearon la figura del pez para identificarse en épocas de persecución. Ambos se encuentran grabados en sarcófagos del primer siglo. Jesús fue representado, a lo largo de medio milenio, como un joven pastor imberbe que cuida a su rebaño, una figura sonriente distinta a las imágenes posteriores del Cristo barbado.

¡Deseamos a todos, en esta tierra,

una feliz Navidad!

Cada centuria, de las veinte que nos separan del nacimiento de Cristo, ha tenido su propia visión artística, que fue capaz de lograr las más exquisitas obras. Desde los primeros mosaicos cristianos y relieves, al abstracto contemporáneo hasta Salvador Dalí, no hay época sin sus fulgurantes creaciones: la iglesia de la Natividad, en Belén, los ricos mosaicos de Ravenna del Siglo V, los templos cristianos en Siria, los monasterios románicos de Italia, Monreale en Palermo, la catedral de Pisa y el Duomo de Brunelleschi, en Florencia… artistas y pintores desconocidos que crearon el Libro de Kells en Irlanda hasta Cimabue, Giotto, Simone Martini, Piero de la Francesca, los artesanos de la Santa Capilla y de Chartres.

En nuestro tiempo nos maravillamos de los pintores renacentistas: Leonardo, Rafael con sus madonnas, Miguel Ángel y la Capilla Sixtina, Caravaggio, para luego pasar a los barrocos, Rembrandt, a los prerrafaelitas del Siglo XIX.

Hay mucha unidad en esa pléyade de artistas, escuelas pictóricas, técnicas, visiones plásticas, todas capaces de ir a los fundamentos de nuestra fe y de volver al pesebre, a la Virgen con el Niño, a los Santos Inocentes, al Bautista.

¡Deseamos a todos, en esta tierra, una feliz Navidad!