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Un mundo lleno de fugitivos que no encuentran refugio

El problema de personas, familias y niños tratando de escapar del horror de las comunidades y poblados bajo ataque del crimen organizado, en El Salvador, es otro de los terribles dramas de nuestra época

Ciento catorce africanos murieron en un naufragio cerca de la isla de Lampedusa, en Italia, donde de haber llegado y por una extraña ley, se les habría dado residencia permanente, lo que abriría las puertas de Europa para ellos.

La gente trata de escapar de países bajo asedio de terroristas, de naciones ancladas en la Edad de Piedra, de dictaduras, de guerras y genocidios. Pero con frecuencia se encuentran las puertas cerradas, sea por políticas migratorias muy estrictas, sea por insalvables barreras naturales, como cruzar desiertos o cadenas montañosas.

El mayor drama, en estos momentos, es la suerte de los sirios que se oponen a la brutal dictadura de Assad, lo que ha costado cien mil muertos y a lo que se suma el más del millón de refugiados en Turquía y Líbano. Pero Rusia se encargó de proteger a Assad con un arreglo sin sentido con Estados Unidos.

En los años previos a la Segunda Guerra Mundial los suizos negaban la entrada a fugitivos judíos, aunque tomaban a los niños. Y, como lo relata en sus memorias el hombre que logró la ayuda de Arturo Castellanos para salvar a miles de judíos, las potencias occidentales trataron de obstaculizar esa labor, como en su momento ignoraron oficialmente el genocidio de los armenios a manos de los turcos.

El problema de personas, familias y niños tratando sin posibilidades reales de escapar del horror de las comunidades y poblados bajo ataque del crimen organizado, en El Salvador, es otro de los terribles dramas de nuestra época. A ello se agrega la deserción escolar causada por las amenazas de los mareros a niños -–a quienes intentan reclutar por la fuerza, como durante la guerra hicieron las bandas guerrilleras— y que está dejando a muchos niños sin educación y, como consecuencia, con un pobre futuro.

Entre las ocurrencias "sociales" del régimen y de lo que hacen alarde publicitario todo el tiempo, está el reparto de leche, leche que nadie sabe dónde ni a quién se le compró, como tampoco a cuantos niños se entrega.

Para los agresores,

todas las armas son válidas

Esa leche, como es de imaginar, no llega a los pobres niños que por amenazas, quedan aislados pues no hay repartos escolares a domicilio ni se usa el dinero para dar seguridad en los sitios bajo asedio. Se trata de leche fotográfica, leche propagandística al estilo de los cheques a los viejos o los alardes sobre los logros educativos del régimen…

¿Qué hacen las familias y las personas amenazadas en esta tierra? Una familia que era extorsionada por una banda dirigida por un encarcelado está a punto de ser deportada de Canadá porque la jueza de migración considera "imposible" que desde las cárceles se extorsione o, inclusive, se ordene la muerte de personas. Lo que todos saben aquí en El Salvador se ignora o se rechaza en los países civilizados, que no conciben cómo un preso pueda tener teléfonos y acceso a la Internet, como tampoco conciben que un gobierno sea incapaz de controlar el uso de tales aparatos en las cárceles.

La guerra del crimen organizado contra el país, contra cualquier país, se libra con ventaja para el agresor y serias limitaciones para los atacados, comenzando porque los atacantes dispensan a su antojo la pena de muerte a quienes no se someten a sus dictados.

Como viene sucediendo desde finales de los Setenta…